miércoles, 19 de abril de 2017

En el Día Mundial de la Bicicleta


Tras su debut hace dos años en el Museo Franz Mayer la exposición La vuelta a la bici ha viajado a otros dos espacios: las instalaciones de El Amate ubicado en el Parque Barranca Chapultepec, en Cuernavaca, y el Museo Nacional de los Ferrocarriles en Puebla. Sin embargo, en sus nuevas sedes tuvo una adaptación local, porque ya no tenía sentido hablar de la bicicleta en la CDMX, expresa su curadora Ana Álvarez.

Entrevistada, explica que en el caso de Cuernavaca “descubrimos grupos de activistas en municipios, que hacen una destacada labor. Por ejemplo, que las mujeres se suban a la bici y que las personas anden en lugares considerados peligrosos. En Temixco hay un grupo de mujeres que todas las semanas salen para así no renunciar al espacio público”. En el estado de Morelos Álvarez y su equipo de investigadores también se dieron cuenta que los grupos de activistas tenían una vocación muy fuerte de “ciclo-turismo”, además de promover la conectividad interestatal.










Una parte de la exposición se refiere a cómo la bicicleta, creado hace unos 200 años, ayudó a emancipar a la mujer: “Cuando apareció la bici las mujeres usaban vestidos victorianos que pesaban 20 kilos. Son los fabricantes los que empiezan a impulsar que haya una adaptación en la vestimenta. También desde esa época se siente que el ajuste en la autonomía de la movilidad traería cambios profundos”. La muestra incluye la fotografía estenopeica de finales del siglo XIX, El marido obediente, en la que una mujer acompañada de su bicicleta, le dice al esposo, ‘lava bien la ropa, que no se tiñe de azul, que me voy de paseo’”.

En el Museo Nacional de los Ferrocarriles la bicicleta se alió con el rescate del patrimonio histórico y cultural. Consciente de la “fuerte tradición en fototecas” que tiene Puebla, una vez allí Álvarez se dio cuenta de “la magnitud e importancia de esos acervos, no nada más para la entidad, sino para la memoria nacional”, al grado de decir “no hay ningún otro registro así de extraordinario sobre la bicicleta en el país. Es un acervo de 4 mil imágenes encontramos como 30 en que había bicicletas de manera cotidiana en Puebla”.  






De allí que para su presentación en Puebla la muestra se enriqueció con acervo de la Fonoteca Antica, con registros relevantes del uso de la bicicleta en el Estado, así como su estrecha relación hoy día con las vías verdes. 

También a nivel de los reglamentos: “Encontramos registro de reglamentos de 1893 sobre cómo se debía de conducir a la bicicleta y qué cosas estaban prohibidas como pasar por los parques, ir a una velocidad mayor que el trote regular de un caballo. Más adelante eso se modifica. Ya para 1914 se establece que no se podía soltar las manos del manubrio, tampoco quitar los pies de los pedales, ni llevar niños en el cuadro. En fin, una regulación que habla de un uso intensivo y muy cotidiano en el caso de Puebla que para mi fue una sorpresa”. 

Otra sorpresa fue la cantidad de mujeres que se mueven en bicicleta en municipios como San Andrés Cholula. De hecho, el alcalde de este poblado asistió a la apertura de la exposición en el Museo Nacional de los Ferrocarriles. Respecto a esta tradición Álvarez apuntó que las mujeres llevan a los niños en bicicleta que a su vez pedalean. De allí que los cholultecas han desarrollado toda clase de diseños para adaptar las bicis para llevar a los hijos. Pasa lo mismo en CDMX en lugares como Ixtapalapa o Xochimilco que son “pueblos bicicleteros”. 

Si en sus dos primeras sedes la exposición comprendió 52 bicicletas mexicanas y extranjeras, en Puebla la cantidad se redujo a 32: “La muestra aquí es más chica por el espacio, aunque más nutrida en diversidad”. No obstante incluyeron bicis nuevas así como otro material como un video en el que se habla con Isidro Pacheco, con 81 años de andar en bici, quien dice, “cuando me levanto y me duele el cuerpo, me subo a la bici y se me quita”.

Para Álvarez La vuelta a la bici rearma el rompecabezas de la memoria colectiva de la historia de la movilidad en el país. La exposición permaneció hasta el 28 de mayo en el Museo Nacional de los Ferrocarriles, en Puebla.

El Día Mundial de la Bicicleta se celebra el 19 de abril.





martes, 11 de abril de 2017

Leonora Carrington a 100 años


Qué taquillera es Leonora Carrington (1917-2011). Primero, porque todo mundo quiere hacerle homenajes a la pintora y escultora surrealista con motivo del centenario de su natalicio, cuya conmemoración comenzó el pasado 6 de abril. Segundo, porque acuden personas de todas las edades a esas actividades, ansiosas de conocer su obra así como aspectos de su azarosa vida.

El galerista Pablo Goebel se adelantó a todos al inaugurar el pasado 30 de marzo la exposición Fábulas y bestiarios: cien años de Leonora, con obra básicamente en papel, pero también escultura y algo de pintura, en su espacio de Taine 212, Polanco. Llama la atención una serie de dibujos que la artista realizó junto con Pedro Friedeberg.

Doña Leonora nació en Clayton Green, Lancashire, Inglaterra, hija de una ama de casa irlandesa y un industrial inglés. En 1920 la familia se trasladó a Crookhey Hall, mansión victoriana cercana a Lancashire cuya influencia es apreciable en toda la producción artística de Carrington. En los albores de su carrera pictórica la joven mujer, tras estancias en Francia y España, sucumbió a los peligros de la Segunda Guerra Mundial y sólo logró salirse de Europa en 1941 al casarse con Renato Leduc, entonces embajador de México en Portugal. Primero vivieron en Nueva York y luego en CDMX (1943), donde ese matrimonio por conveniencia llegó a su fin y se divorciaron.

Gracias al empeño y los esfuerzos de sus dos hijos, Gabriel y Pablo Weisz Carrington, la celebración cobra dimensiones mayores. Las actividades se iniciaron a las 10 horas en la Biblioteca de México (Tolsá 4, La Ciudadela, Centro) con el panel internacional, en el que participaron autoridades del tema surrealista, como Whitney Chadwick, Roger Shanon, Susan Aberth y Stefan van Raay.

Siguió por la tarde la dramatización de La dama oval, cuento de la homenajeada, montada por Caracola Producciones. después fue inaugurada en el Patio de los Escritores, y alrededores, la exposición 100 años de una artista: Leonora Carrington, cuyo contenido consta en gran parte de documentos del archivo personal de la artista: fotografías, correspondencia, libros, escultura y reproducciones de su obra pictórica. Se trata de un acto de memoria con la posibilidad de apreciar procesos creativos, incluso las etapas por las que pasa la obra de arte para luego entregar un resultado. Corresponde a “la obra negra, o esqueleto,” de donde surge el resultado final.

Gabriel Weisz, presidente de la fundación que lleva el nombre de su madre, expresó que el arte es la única manera para impedir la muerte del imaginario: “Leonora vivió una época en la que el nazismo decidió condenar varias obras de arte con el título de ‘arte degenerado’. El mismo compañero de ella, Max Ernst, fue considerado una amenaza para la cultura alemana.
En 1961 el diccionario de artes plásticas de la Academia de Bellas Artes de la Unión Soviética descalifica el surrealismo como manifestación reaccionaria producto de alucinaciones monstruosas, de pesadillas y productos patológicos.

No olvidemos que el arte es un terreno de libertad que hace frente a las dictaduras del pensamiento y que un arte como el de Leonora emerge de un mundo complejo y profundamente rebelde. De aquí deriva la enorme fuerza que tuvo alguna vez y que hoy conserva. Sin arte una sociedad pierde una de sus riquezas más entrañables.

Por ello una celebración de Leonora lo es al arte o al revés, en un mundo que se define cada vez más por un consumismo desbordado. El verdadero arte nos ofrece alejarnos de esa enfermedad que se llama la pobreza del espíritu. Hoy también celebremos nuestro derecho a la cultura, sin la cual las personas experimentan un vacío total”.

Gabriel Weisz, quien es catedrático y escritor, juzgó pertinente que el festejo pudiera darse en la magna biblioteca, pues su madre siempre fue amante de los libros.

Para la titular de la Secretaría de Cultura federal, María Cristina García Cepeda, celebrar a Leonora Carrington es reconocer la universalidad de la cultura mexicana, construida de intercambios, encuentros, del diálogo fecundo con todas las culturas del mundo. La homenajeada es “creadora indispensable del arte mexicano”, aseguró la funcionaria.

A poca distancia de la Biblioteca de México, en la Galería Metropolitana (Medellín 28, colonia Roma), de la Universidad Autónoma Metropolitana, se inauguraba otra exhibición celebratoria con obra de la artista, Leonora Carrington: imaginación delirante.

El 29 de marzo trascendió que la UAM está en pláticas para adquirir la casa donde vivió la también grabadora en la calle Chihuahua, con la finalidad de convertirla en “casa museo”.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), por conducto de su área de difusión cultural, se sumó a la muestra al facilitar piezas pertenecientes a las colecciones de arte que están bajo su custodia. Doña Leonora realizó una exposición antológica en el Museo de Arte de Hacienda a finales de 2003. En 2016 su hijo Pablo Weisz donó la escultura The palmist (El quiromántico) a las colecciones de la Dirección General de Promoción Cultural Acervo Patrimonial de la SHCP. La muestra Leonora Carrington: imaginación delirante fue curada por Rafael Alfonso Pérez y Pérez, subdirector del Museo de Arte de Hacienda.

En la apertura de la exposición Pablo Weisz, médico y pintor, escribió durante más de dos horas, con toda la paciencia del mundo, dedicatorias en el tríptico de la exhibición, que los asistentes le llevaban.










domingo, 26 de marzo de 2017

Pedro Friedeberg y la vidriera Faena



El pintor y escultor de tendencia geométrica Pedro Friedeberg intervino en noviembre pasado el renovado edificio Faena Bazaar --antes Hotel Atlantic Beach, construido en 1936-- , en Miami, con un mural que utiliza la técnica de la maquetería, pero con piezas de superficie sólida (compuesto de minerales y resinas plásticas), previamente cortadas conforme a un control numérico. En este caso mil 200. También se montó una exposición de su obra más representativa como la conocida mano/silla.





 
La Faena Stellar Window es la primera de 20 obras de gran formato que Friedeberg piensa hacer a lo largo del tiempo. El Faena Bazaar es un proyecto del arquitecto holandés Rem Koolhaus, galardonado con el Premio Pritzker en 2000, inaugurado el 26 de noviembre en el distrito Faena, y forma parte de un complejo de tres estructuras que incluye, además, un foro y un estacionamiento. El proyecto se hizo en el marco de la feria Art Basel.

Nacido en Florencia, Italia, en 1936, traído a México a los tres años, y nacionalizado mexicano, Friedeberg se reunió con la prensa para informar de sus actividades más recientes. Explicó que la Faena Stellar Window se inspiró en el chellista Adolfo Odnoposoff, “quien vino a México en dos ocasiones. En una de ellas ofreció un concierto con música de Boccherini, entre otros. Era un genio. En homenaje a él hice un cuadro que ya se mostró. Ésta pieza está inspirada en este cuadro aunque lleva otros colores”.








Para la realización del proyecto se estudió el edificio y, debido a los espacios luminosos y la proliferación de ventanas, Friedeberg decidió incluir una obra alegórica a una vitrina que cubre un espacio y a su vez replica la arquitectura del lugar.


La también llamada Vidriera Faena es, entonces, un homenaje a la música, en que “una serie de radiales convergen en la perspectiva de la obra para abrirse a una metáfora sobre los pentagramas sonoros. Cada radial corresponde a un símbolo que se repite en gradiente 11 veces hasta llegar al centro. Son relativos a distintas culturas: hebrea, turca, mixteca, azteca, maya, árabe y europea”.






El artista expresó que la primera pieza de este estilo es el mural 16 adivinanzas de un astronauta hindú, hecho en 1968 para el Hotel Camino Real. Para la realización la Faena Stellar Window Friedeberg contó con el apoyo de la fabricante Gabriela Díaz y el promotor Bernardo López Morton. La intervención duró hasta el 7 de diciembre.

Según Alejandro Sordo, curador de la muestra, se trata de relanzar la obra del artista en Estados Unidos donde ha realizado la mayoría de sus exposiciones individuales, de allí que su principales coleccionistas están allá, así como el mayor cuerpo de su obra. Se proyecta para octubre próximo una conferencia sobre su obra en la Universidad de Berkeley y una exposición en su galería.





Mientras tanto, el 25 de marzo se inauguró su fuente Casa para un matrimonio ideal, en Jardines de México, Estado de Morelos, durante el festival de música y arte Vaivén. Friedeberg también ha ilustrado un libro para la colección Arte y Letras de Mirlo Ediciones. El artista pidió trabajar expresamente con Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam (1466-1536), que se volvió a traducir, ahora del latín al español. Hizo 44 imágenes exprofesas, así como las guardas y la portada. Se presentará el 28 de marzo en el Centro de Diseño, Cine y Televisión.







También se prepara un libro sobre la obra gráfica de Friedeberg, cuyo título será Original múltiple, en donde “vamos a aclarar todas las ediciones que se han hecho desde 1970, hablar de los talleres y explicarle al público la diferencia entre una serigrafía, un grabado y un dibujo electrónico impreso en giclée, y la historia del artista en relación a esto, y comentarios sobre su obra gráfica más conocidas como el Códice Miguelito”.



domingo, 12 de marzo de 2017

Miguel Calderón en Caida libre

Los perros y los gatos no son los únicos animales que se extravían, también se pierden las aves como reza un letrero que a modo de objeto encontrado fue reproducido en Caída libre, exposición de Miguel Calderón (CDMX, 1971), auspiciada por la Galería Kurimanzutto en una bodega de la colonia Daniel Garza. 


Se lee: Águila extraviada. Ave entrenada. No es agresiva. La extrañamos en casa. El letrero da pie al ensayo del artista visual y cineasta, no sobre el mayor de las aves depredadoras, sino sobre la cetrería y quienes cazan con aves rapaces, en especial los halcones. 
 


Por demás conceptual, la muestra consistía en media centenar de perchas, usadas, claro; el video Camaleón, de 26 minutos de largo, que versa sobre un enigmático cetrero del mismo nombre, y cuatro fotografías a color, una de la recámara de Camaleón, otra de la mano ensangrentada de un cetrero después de recoger la presa y dos de serpientes muertas colocadas sobre bardas de alambre para ahuyentar a intrusos.


A Calderón, quien estudió en el Maryland Institute College of Art, en Baltimore, y cine en el San Francisco Art Institute, le interesaron los animales desde chico. Cuando tenía 11 o 12 años vio un halcón que le gustó mucho. Un amigo que lavaba perros en una veterinaria le retó a hacer 100 abdominales colgado de su camioneta en movimiento; a cambio le daba la ave. A pesar de que estaba “muy flaco” lo logró y obtuvo el halcón cuyo cuidado le enseñó “muchas cosas que no se aprenden en la escuela acerca de la naturaleza de los animales”.







Al crecer el entrevistado le perdió un poco de interés y el halcón se escapó, hecho que relaciona con su paso de la niñez a la adolescencia y la mayoría de edad. Después de iniciar sus estudios de arte en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, Calderón se trasladó a Estados Unidos para continuar su educación. De regreso a México en 1993, al año fundó con otros artistas el espacio independiente La Panadería, “para hacer cosas sin depender de las galerías”. 


En esa época anterior a las redes sociales “tomaba fotografías y pasaba mucho tiempo manejando por la ciudad, explorando y descubriendo cosas. Siempre he relacionado mi trabajo con el de un investigador privado”. También solicitó becas y vendió cervezas para “sobrevivir”.





Hace dos décadas Calderón trató de conectar de nuevo con el mundo de su infancia, entonces contactó a unos cetreros quienes solían citarlo a las tres de la mañana en una gasolinera. Ellos llegaban a las cinco para probar su seriedad: “Poco a poco se abrió ese mundo ante mi. Cuando entrevistaba a los cetreros al principio sus respuestas eran banales. Decían, tengo un halcón para escaparme de mi esposa o porque me permite conocer mujeres. Logré entablar una relación cercana con algunos de ellos”.


Camaleón es el segundo video que hace sobre el tema. El primero no lo ha dado a conocer porque tal vez lo convierta en largometraje. Aparte del lado nostálgico, a Calderón le atraía “visualmente el lenguaje de los cetreros y eso de vivir al margen de la sociedad. De joven me vestía de negro y usaba cortes de pelo tipo punk. Teníamos un código que nos identificaba al igual que ellos. Cuando los cetreros salen a cazar se visten de militares para camuflajearse. Su conexión con la naturaleza es intelectual y físico. Cuando uno los ve en la calle no sabe de qué se trata. Eso se relaciona mucho con la exposición. Si nadie te explica de qué tratan los objetos (percheros), es difícil descifrarlo”. 




Al decidir la exposición, a Calderón le atrajo mucho el personaje de Camaleón, “sobre todo por las convulsiones tipo epilepsia que sufre ya que se vuelve violento, golpea todo y se corta; utiliza el halcón como ansiolítico. También he tenido convulsiones”. El título Caída libre hace alusión a las convulsiones y el desmayo, y el halcón al caer y golpear a su presa.



domingo, 5 de marzo de 2017

Para Lawrence Weiner CDMX se volvió prioridad



El artista conceptual Lawrence Weiner (Bronx, Nueva York, 1942) viajó a CDMX –no obstante un problema médico-- para asistir a la apertura de su intervención Forever & a day (Para siempre y un día) en el Museo de la Ciudad de México (MCM), la Plaza de la Constitución, la Secretaría de Educación Pública y el Museo Tamayo Arte Contemporáneo, porque “de repente mi país volteó y cagó en la cabeza de todo el mundo”. Se volvió “prioridad” venir.

También como artista esta exposición representa “uno de los grandes cumplidos que uno pueda recibir en su vida”, expresa con su nostálgico aspecto “beat”. Ya había expuesto en el Museo Tamayo en 2004 con el título Cubierto por nubes.





Entrevistado por La Jornada, Weiner traía claro que quería decir que “existen personas dentro de nuestra cultura (estadunidense) que no tienen los sentimientos que estos tristes compradores suburbanos sí muestran hacia los mexicanos. Soy neoyorquino y los mexicanos son los inmigrantes favoritos allí. Soy de barrio bajo, crecí en el sur del Bronx, provengo de personas sin éxito. Los mexicanos pobres se portan bien con sus niños, contrario a la mayoría de los inmigrantes pobres que sólo quieren que el hijo sea un reflejo de sí mismo”.

México -continúa- forma parte de América del Norte, “no Sudamérica, y no es Europa. Una de las cosas que hacen famosas las ciudades de Nueva York, Los Ángeles, Vancouver, todos estos lugares, es que una persona humanista de buenos sentimientos, socialista si así lo desea, no obliga a sus hijos a ser un reflejo de sí mismo para tener éxito. Se matan trabajando a fin de tener suficientes recursos para que sus hijos no tengan que ser como ellos.





Sin embargo, ahora tenemos una mentalidad de clase media baja, mentalidad tribal, que dicta que el hijo tiene que ser como el padre. ¡Qué desperdicio de crianza! De hacer eso con caballos, uno se quedaría en la ruina. Y, con vacas, se moriría de hambre. ¿Por qué hacerlo con seres humanos? Deja que florezcan. Eso no es posible cuando funcionas dentro de un esquema anticuado de mamá, papá, tipo familia, porque les da miedo las personas que no se les aparezca.

No puedo hacer nada al respecto en el arte, sin embargo sí puedo hacer algo interesante. Si una pieza de oro y una de plomo tienen el mismo valor dentro del contexto del arte, no hay ninguna lógica para el racismo, ¿verdad? No se puede ser cortés acerca de personas que son racistas. No es que a uno le tenga que gustar, sin embargo hay una diferencia entre el racismo y que a uno no le guste. Esto es todo lo que puedo hacer. Sólo soy artista. Vamos a ver qué pasa”.





Según Weiner la sociedad se ha olvidado de que el arte era parte de ella, no solo comercio, ni mercancía: “El arte es algo que las personas utilizan para entender lo que hacen, su lugar bajo el sol, en el mundo, por eso existe. En lo práctico está la necesidad de que las personas sigan funcionando como artistas. Sería como observar una mazorca de maíz, sin darse cuenta de la belleza de su estructura”.

Para el entrevistado “la vida tiene otra lógica” y el arte lo que hace es dársela a las personas. Por eso, “hago muchas obras públicas, no tienen nada que ver conmigo, el espectador no se aleja sabiendo quién soy. Sin embargo, se va con la sensación de cómo le hizo sentir, entonces empieza a buscar otras cosas que le hacen sentir igual. Este es nuestro trabajo”.

Quedan los pensamientos de Weiner: Algo de alguna manera, Algún día en algún lugar y En alguna parte de algún modo.



domingo, 26 de febrero de 2017

Difícil promover la pintura de Estrella Carmona



Las puertas siguen cerradas en gran parte para la pintura en lo que a galerías se refiere. Por lo menos esto ha sido la experiencia de Luiz Eduardo Laufer, viudo de la pintora mexicana Estrella Carmona (1962-2011). “Es muy difícil conseguir espacios para la obra de Estrella porque hoy día no les interesa tanto la pintura –menos una de índole crítica- , sino el arte conceptual. Muchos me han cerrado la puerta con las palabras, ‘es muy buena pintura, felicito a Estrella, pero no nos interesa’”, expresa. 







La Galería L sí se arriesgó y exhibe una selección de 22 pinturas y 11 dibujos, todos en blanco y negro, una tira de fotos de Carmona y algunos de sus sueños por ella transcritos y dibujados, con el título de Regimientos del orden. “Estrella siempre al despertar apuntaba sus sueños y en algunos hacia uno o más dibujos alusivos a lo que sonó”, señala el entrevistado. 








También se exponen algunos de sus cassettes de música (Front 242, Laibach, Borghesia, Puppé Frabick, Muslin Gauze), “todos y cada uno de ellos comprados en el tianguis del Chopo”.








En septiembre pasado la Galería Andrés Siegel también se arriesgó y montó la exposición Obsesión por el futuro, con 32 cuadros, entre acrílicos, óleos y un temple, realizados entre 1997 y 2010. La de la Andrés Siegel fue la primera exposición póstuma de Carmona realizada en CDMX desde 2011 cuando exhibió en la desaparecida galería Eje. También en 2016 se coordinaron dos muestras en el Museo de Antropología y la Galería de Arte Contemporáneo, en Jalapa, Veracruz. 






Según Laufer en la obra de Carmona se alternan dos intenciones: la estética y la filosófica. En cuanto a la primera, “resaltan diversas influencias provenientes de la Escuela Mexicana de Pintura, principalmente Orozco y Siqueiros; el neoexpresionismo alemán, y de la transvanguardia. La filosofía, por su parte, es para Estrella una orientación en un caos. Está íntimamente influenciada por Nietzsche y Schopenhauer, en lo que se refiere a la idea del absurdo del mundo y los cuestionamientos en torno a un hombre nuevo”.








Respecto de su paleta, el entrevistado anota que desde finales de los años 80 del siglo pasado hasta principios de los 90 la pintora manejaba una paleta oscura, es decir, tonos rojo indio, ocres, verde veridian y cafés. Sin embargo, a partir de su estancia de tres años (1995-1998) en la Siderúrgica Altos Hornos de México para crear murales alusivos en Monclova, Coahuila, “comenzó a utilizar más el acrílico en colores más diversos, incluso neón. Dejó un poco el óleo por el acrílico y el temple. Comenzó a dejar el óleo porque estaba un poco saturada de su olor y del aguarás. De 2000 hasta la fecha de su fallecimiento (9 de mayo de 2011) trabajó mucha pintura en blanco y negro”.









Entre los proyectos a futuro, está realizar un documental y publicar un libro sobre la vida y obra de Carmona. También “tratamos de establecer en su antiguo taller una residencia para artistas”.
Hasta el momento la obra de Estrella Carmona no ha logrado tener una exposición en un museo.
Regimientos del orden permaneció hasta el 4 de marzo en la Galería L, Alfonso Reyes 216, colonia Condesa.

lunes, 20 de febrero de 2017

Reynaldo Velázquez, escultor y grabador


El artista visual Reynaldo Velázquez (Tuxtla Gutiérrez, 1946) es conocido mayormente como escultor, aunque su propuesta inicial fue de pintor. En los años 70 del siglo pasado, cuando todavía radicaba en Chiapas se le ocurrió hacer unas esculturas en madera más que nada por explorar un campo que creía desconocer. Después se dio cuenta que conocía muchos tipos de madera, además la talla la había tenido cerca desde la infancia. Fue la promotora cultural Elena Olachea quien le dijo “¿qué haces como pintor aquí, si tu eres escultor?”


Más de medio siglo de trabajo artístico de Velázquez se ha resumido en el libro La piel despierta (Gobierno del Estado de Chiapas/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2015), con introducción de Sylvia Navarrete y texto de Graciela Kartofel. Entrevistado, el artista expresa que originalmente iban a ser tres tomos, uno de gráfica, otro de pintura y el tercero de escultura, sin embargo terminó en una “síntesis” de un solo volumen por cuestiones de presupuesto. Aunque el libro, con un tiraje de 2 mil ejemplares, se ha presentado en Chiapas, no así en CDMX, tampoco se encuentra en las librerías Educal.


Hace unos días Velázquez organizó una presentación íntima del libro en la Librería Jorge Cuesta, que coincidió con la clausura de una pequeña muestra suya de gráfica en xilografía, que abarcaba trabajo de varias décadas. El tema que se impuso fue el desnudo masculino, más bien “genital, aunque no necesariamente erótico”.


Por lo general, señala, el desnudo masculino se ha ocultado desde el Renacimiento a pesar de que en ese entonces “se acentúa el bulto del sexo masculino, sin embargo se tapa. Con los griegos no existe ese velo de pudor que quito y que en realidad es lo que determina el erotismo. Por eso digo que mis grabados no son tan eróticos como parecen. Lo erótico tiende a ocultar el sexto tanto el masculino como el femenino. El masculino se oculta más quizá por esta especie de autocastigo del varón porque tiene ventaja con respecto al sexo femenino que lo tiene escondido”.


El más reciente proyecto de Velázquez, que acaba de terminar, es una escultura en madera de eucalipto tallada de unos luchadores enfrascados en la llave conocida como La Tapatía, un nudo inventado en México y considerado “un clásico en la lucha libre nacional”. Al entrevistado le gusta la lucha libre por “su trascendencia popular y la relación que tiene con las funciones antiguas desde el circo romano, ya que ese tipo de espectáculo con concentraciones de oponentes en que el público toma partido desde que entra a esos coliseos. Al llegar tu preguntan si eres ruda o técnica para ubicarte. Eso te involucra en el partido y ellos te van a representar en el ring. Es como una cámara de diputados, pero que sí funciona”.


En la presentación el grabador Octavio Bajonero señaló que Velázquez es de la etnia zoque y, por lo tanto, heredero directo de los olmecas que “nos legaron esculturas monumentales”. De acuerdo con la especialista Beatriz de la Fuente las culturas olmeca y maya tenían un concepto homocéntrico, de allí que la escultura de Velázquez representa “al hombre en toda su fuerza”.


Para Bajonero lo “sorprendente” de la escultura de su colega es su “hiperdesnudismo”, y también hiperrealismo. Con eso “me refiero a que ni siquiera un pelo cubre la desnudez de la figura, la madera como material orgánico que es, da la escultura de Reynaldo una especie de vida”.


En el idioma maya existe la palabra chue’lel, que los antropólogos e historiadores han traducido como alma o espíritu. En realidad “cuando un hombre pierde su chue’lel, el curandero o chaman de la etnia lo puede recuperar. Tal parece que las esculturas de Reynaldo perdieron su che’lel, y que se encuentran en un estado de vida suspendido”.