domingo, 29 de julio de 2018

SOMA en MUCA Roma



La generación 2016-2018, integrada por ocho becarios, del programa educativo internacional SOMA presenta Ahora en común. Más opacidad, exposición de fin de curso en el Museo Universitario de Ciencia y Arte (MUCA), sede Roma. El proyecto se inserta en el Programa Conmemorativo M68 de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La performer Galia Eibenschutz, una de los seis tutores, explica que el programa dura dos años, se estructura por trimestre, periodo en que los becarios se entrevistan con artistas de otras generaciones, curadores, especialistas en otros medios, incluido el científico, en otras disciplinas –videoastas, artistas sonoros-- , a partir de las que construyen su discurso, a la vez que aprenden a balancear y equilibrar todo lo que se les dice, critica para definir su camino. Entonces, hay “una crisis constante”.

El perfil de cada generación va de acuerdo con sus intereses: “Empieza siempre muy azaroso, depende de los que se inscriben. Se hace una selección basada más en su trabajo, no que coincidan los temas”. Sobre a la presente generación, Eibenschutz destaca una parte “más política”, en especial respecto a los mexicanos, mientras que hay otra parte más formal. Es “una generación muy variada, confrontativa, unos con otros. No tienen el mismo desarrollo, tienen diferentes niveles dentro de su trabajo profesional. Ha sido arduo, un proceso difícil de integración. Siempre hay un porcentaje de extranjeros”.

La entrevistada señala que en el segundo año se les da un pequeño estudio. Indica que SOMA no proporciona una educación con “nivel papel”, aunque es a grado de maestría. No está registrado en la Secretaría de Educación Pública o la Universidad Nacional Autónoma de México, sino es independiente. La idea es elástica y cambiante según la generación de artistas que llega.

En cuanto a la exposición Ahora en común… , la vertiente general es “mucho más conceptual”, aunque muchos tienen una investigación muy formal, escultórica como la venezolana Andrea Nones y la francesa Victoire Barbot, mientras que el palmesano Joan Bennassar combina los dos. Los becarios tienen entre 25 y 35 años en promedio. Ya tienen claro por donde va su investigación.

Para Cecilia Delgado Masse, directora de MUCA-Roma, la idea de trabajar en conjunto era generar un proyecto en común. Es decir, “desarrollar un argumento en esa interlocución de prácticas que fuera una especie de argumento entre los becarios en el museo. Empezamos a trabajar con ellos desde noviembre del año pasado con el fin de empezar a construir el diálogo”.

La intervención en muro es una característica de la muestra, también el que hay mucha instalación: video, audio, etcétera. Se imponen, de hecho, los “intergéneros”. La obra del venezolano Jacobo Zambrano tiene pintura, aunque también fotografía. La oaxaqueña Berenice Olmedo trabajó en torno a la poleana, un juego surgido en las cárceles que pervive a nivel de las calles. En las piezas de Sofía Abraham, Paloma Contreras y Bruno Ruiz, todos mexicanos, hay un aspecto más político.

La exhibición Ahora en común. Más opacidad permaneció hasta el 29 de julio en MUCA-Roma, Tonalá 51.

domingo, 1 de julio de 2018

Bienal Iberoamericano de Diseño


Con una década de existencia, la Bienal Iberoamericano de Diseño (BID) se presentó en México por vez primera en el Museo Franz Mayer (MFM), que de esta manera formó parte de las actividades del proyecto CDMX: Capital mundial del diseño 2018.

La muestra Bienal Iberoamericana de Diseño 2016, referente a su quinta edición, comprende una selección de la obra presentada en la Central de Diseño de Matadero Madrid, su sede en la capital española. De cerca de 470 proyectos enviados, fueron elegidos 205, representativos de 23 países, ya que el espacio del MFM era reducido. Un total de 36 trabajos son de diseñadores mexicanos, entre ellos, Héctor Esrawe, Ignacio Cadena, Emiliano Godoy, Manuel Alcalá López, Carmen Ortega Casanovas, María Romero y José Antonio Lugo.

Está dividida en ocho categorías: Diseño de producto/Industrial, Interiorismo/Espacios, Gráfico, Textil, Moda y complementos, Digital, Diseño de servicios y proyectos Transversales/integrales (se cruzan con el arte, lo social, lo antropológico, incluso, lo político). La BID 16 tiene como ejes temáticos: la innovación, el desarrollo, la experimentación, la inclusión social, el emprendimiento, la sostenibilidad, la investigación tecnológica, la inclusión social, la cooperación y la participación ciudadana.

Oscar Salinas, del comité asesor de representantes de la BID en México, expresó en rueda de prensa que por vez primera se podrá ver “la enorme versatilidad que tiene el diseño de nuestro tiempo en esta gran región de cerca de 600 millones de habitantes: Iberoamérica, que ha tenido un gran desarrollo en este medio. El gran movimiento del diseño a nivel mundial se ve claramente en la Bienal”.

Para Félix Beltrán, también del comité asesor, la muestra tiene dos objetivos: “Evidenciar el nivel de Iberoamérica y sus aportes, a la vez que percatarnos de las deficiencias que tiene el diseño en nuestros países”. Según el diseñador de origen cubano, a pesar de que la Bienal ha crecido, “debemos aspirar a más” en el sentido de “inclinarse más hacia los problemas más apremiantes a los que todavía no se enfrentan lo suficiente, incluido México, como son las adicciones, el racismo, la pobreza, las innumerables enfermedades, que se pueden resolver si se tienen en cuenta a tiempo”.

Hizo votos para que el diseño haga que el mundo sea, no más atractivo, sino más funcional. “Desde hace tiempo cuestiono que los que producen diseño lo hacen para satisfacerles a sus clientes o sus propias necesidades. El diseño no debía de alentar necesidades que no son prioritarias” porque “al público se le manipula”. La clave de todo esto está en la educación que, a su vez, tiene que asumir que hacer diseño es más fácil que nunca antes en la historia, sin embargo concebirlo es un reto cada día más severo, más fuerte, más insoluble, porque la competencia y la consciencia de que el diseño no se debería prescindir de él es cada día más creciente”.

Oscar Salinas acotó que hoy hay diseñadores que no sólo trabajan para un cliente o una empresa en específico, o alguien que produce, sino lo hacen directamente con comunidades que requieren de su servicio. Los propios diseñadores han decidido también tomar diferentes caminos.

La exposición permaneció hasta el 1 de julio en el Museo Franz Mayer. Posteriormente se trasladará a Guadalajara, San Luis Potosí, Puebla y Acapulco.




miércoles, 20 de junio de 2018

Personajes de Rubén Maya en la Biblioteca Lerdo de Tejada



Cuatro personajes colgantes, vendados, con múltiples ojos y en posición de correr, interactuaron a lo largo de varias semanas con los murales que Vladimir Kibálchich Rusakov, mejor conocido como Vlady, pintó en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada.

Vendas y ojos nuevamente predominaban en los brazos sueltos, bebés, cabezas solas y mutaciones animal/humanos colocadas sobre paredes y en las vitrinas de Reconstrucción de la metáfora-cuerpo, exposición tipo taxonómico de Rubén Maya (Querétaro, 1964), que fue montada en el vestíbulo del Antiguo Oratorio de San Felipe Neri. Las esculturas están hechas mayormente de resina, aunque algunas son plásticos con vendas de yeso policromadas.




Aunque varios de estos personajes ya se han mostrado, por ejemplo, en X Teresa Arte Actual y otros museos de arte contemporáneo, se trató de resignificarlos y dar la sensación de “apropiación” del espacio a la entrada al recinto. “Como las vitrinas son antiguas, y el espacio se presta, la idea es que los seres se meten y juegan en ellas como un sentido de habitar, desde las mutaciones y la metáfora, el entorno”, expresó Maya con motivo de la exhibición.

La venda, por su parte, representa tanto al cuerpo enfermo como su cura. Para el entrevistado, los bebés “tienen que ver con la génesis del problema psíquico”. Los niños cuando están en el proceso de crecimiento “si los papás tienen un síntoma de ansiedad o neurosis, y tocan o manipulan a sus hijos, está comprobado que se los transmiten”.

Las cabezas vendadas en las vitrinas hacen alusión al problema psíquico del adulto, ya que éste por lo normal está en lo mental, no tanto en el cuerpo. Representan el final del sentido de la enfermedad, producida también por las adicciones, aunque sobre todo en la parte oscura de la personalidad. Es decir, “esa región que, en el transcurso de nuestra vida, luego no nos deja estar”. Para Maya la presente serie mantiene la constante temática que trabaja desde hace muchos años que tiene que ver con la “sombra psíquica”, un término jungiano.

Si sus piezas tienen “dos pares de ojos, esto representa mirar con el corazón y con la razón, para ver la cotidianidad de una forma más equilibrada”. Los ojos en el cuerpo hacen referencia al hecho de que “con el cuerpo también se ve. Sientes, ves y percibes la vida conforme caminas en tu proceso vivencial”.

Los personajes que son mutaciones forman parte de una gran instalación que el artista prepara para el nuevo Museo de Arte Contemporáneo por inaugurarse a fin de año en Querétaro. De las alrededor de 60 obras, 10 eran dibujos que funcionaban como “preámbulo a una gran exposición que tengo actualmente en casi todas las salas del Museo de Arte de Querétaro”, apunta Maya quien es grabador-dibujante de origen, y pintor, aunque últimamente ha desarrollado mucho la instalación.


miércoles, 13 de junio de 2018

Saúl Kaminer en el Museo de la Ciudad de México


El pintor y escultor Saúl Kaminer (CDMX, 1952) es uno de los artistas mexicanos que será incluido con cuatro obras en la Enciclopedia Internacional de Surrealismo (de la editorial británica Bloomsbury Academic), de próxima aparición.

Al respecto explica: “Cuando llegué a París en 1976, me conecté con la gente que quedaba del surrealismo y participé en exposiciones y en revistas con textos e imágenes. Muy pronto unos amigos latinoamericanos –yo, entre ellos-- crearon el grupo Magia Imágen, y nos veíamos a charlar con Roberto Matta. Esto duró cinco años y nos llegamos a definir claramente como realistas del Sur y no como surrealistas. Sin embargo, los surrealistas adoptaron a algunos de nosotros de tal manera que mi periodo figurativo lo ven como un enfoque surrealista”.

Kaminer, cuya exposición Órbitas, rumbos y sombras se montó en el Museo de la Ciudad de México (MCM), expresa que su figuración primera se debió a que “necesitaba explicarme el mundo. Mi padre nació en Polonia, fue inmigrante, sin embargo nunca me pudo contar nada de su historia, tuvo una embolia cuando tenía dos años. Cuando le preguntaba por su familia se le hacía un nudo en la garganta”.


Vista de sala


Entonces, “necesitaba agarrarme de cosas. Fui a ver el pueblo donde él nació que ahora queda en Ucrania. A partir de allí entendí muchas cosas que él nunca me pudo decir y me empezaron a disipar los miedos. Todos los vacíos que tenía se llenaron y empecé a trabajar desde adentro para fuera y no al revés. Eso me permitió pasar paulatinamente de la figuración a la abstracción. Incluso, el último óleo que pinté para la exposición, Asideros en el vacío (2018), es como una conclusión de todo ese periodo en el que no es necesario ya agarrarse de cosas para seguir el camino de la vida”.

Según José María Espinasa, director del MCM, ver los cuadros de Kaminer prende “cantidad de cosas” en la mente del espectador. En primera instancia “son como mapas, como las huellas de un recorrido en el espacio, en otros casos, son como el fuego de artificio en el cielo conservado en la mirada. Todas estas maneras de interpretar la obra de Saúl tienen que ver con su pluralidad de sentidos”.


Yesod-B (2016)


Órbitas, rumbos y sombras comprende 65 pinturas y esculturas realizadas durante los últimos ocho años. Mientras 50 provienen de su taller, los restantes son préstamos de colecciones. En ella, utiliza varios lenguajes escultóricos: fierro, barro, mármol, que hablan de lo mismo, no obstante a la vez sigue con el oficio de pintor que le resulta primordial. Siente que en la exposición “la vocación espacial de mi trabajo agarra plenitud, el diálogo entre la escultura y la pintura se hace mucho más espontáneo y pleno”, dice el entrevistado por La Jornada


Totem (2016)
 

---¿Cuál es el momento histórico, o intelectual, de su trabajo actual?

---Hay una obra llamada Oestrus que se refiere a cuando platicaba en París con Roberto Mata quien nos hablaba de ese momento en que la Virgen puede ser fecundada. Diría que es el instante en que se puede dar la creación y todo se fecunda. Para mi estaría en un momento intelectual, vital, en que todo puede ser fecundado. El cuadro rojo (La tierra, espejo del cielo) que está detrás de nosotros, y Las palabras de la tierra “Ella, Él y Todos”, ambos de 2017, tienen que ver con el temblor del pasado 19 de septiembre.

Para mí es importante no trabajar con sangre, sin embargo pintar con el rojo. Mi trabajo siempre ha sido simbólico y me parece más fuerte simbolizar las cosas que hacerlas de modo realista porque nos permite ir más lejos. Para mí es un momento de fecundación. Estamos en plena transformación de todo. Como que los imaginarios se han vuelto a colapsar como a principios de la centuria pasado en que surgieron las vanguardias del siglo XX.

Veo a los jóvenes llenos de propuestas, ya no importa tanto si expones en museos completamente institucionales, sino cada vez es hasta necesario exponer en otros espacios que no sean precisamente los museos de Arte Moderno o el Tamayo. Todo está mucho más líquido, como diría el filósofo Zygmund Bauman, quien habla del estado líquido. Como el mundo ha pasado de lo sólido a lo líquido.

---¿Cómo le afectó el temblor?

---Fui a ayudar a las personas, ver sus casas. Como estudié arquitectura y di clases de resistencia material y estructuras, sentí la necesidad de ver lo que podía hacer. Darles algunas opiniones de si podían dormir esa noche allí, si las grietas que tenían podían ser reparadas. Era una primera opinión, nunca quise hacerlo de ingeniero, sin embargo había que hacer algo para ir más adelante. No quedarse en la parte de la víctima al que le fue mal. El temblor es una sacudida tremenda, cada vez que hay una réplica uno sale a la calle con miedo. Sin embargo, mi reacción es hay que hacer algo.

En la pintura hay que hacer algo, hay que seguir a pesar de que todo parezca más difícil hoy, aunque hay más puertas, más posibilidades. A pesar de que los pintores de mi generación son poco mostrados en México, hay que seguirle”.

Órbitas, rumbos y sombras permanecerá hasta el 17 de agosto de 2018 en el Museo de la Ciudad de México, Pino Suárez 30, Centro Histórico.



martes, 5 de junio de 2018

Paulina Jaimes experimenta con el dibujo



Para lograr la obra, mayormente dibujo, con el título de Epidérmide, que presentó en la novel galería T.138, Paulina Jaimes (CDMX, 1986) construyó en su estudio un cajoncito de tierra a modo de escenario. Allí, diferentes modelos, algunos de ellos bailarines, interactuaron con el reducido espacio, sumergidos en la tierra. Una desde el principio “se hizo chiquita, empezó a explorar y, de plano, florecer”.

Uno de los primeros resultados fue el díptico Acto I, angustia y Acto II, éxtasis, con el objetivo de hablar de la dualidad porque “uno tiene que estar parado en medio de ambas polaridades. Entender que no todo en la vida tiene un sentido de embeleso, sino hay que pasar a veces por procesos catárticos para comprender aquello que luego nos dificulta, sin embargo con el tiempo se digiere a fin de transitar de otra forma, pasar a otras cosas”.


Bi-icolor


Para Jaimes, “lo rico” de su proceso creativo es darse cuenta que cada persona tiene una aportación diferente porque trasciende de su experiencia personal, algo que ha vuelto “muy relevante en todo mi proceso de trabajo. Hablar de esos seres humanos que acontecen en mi realidad, que también son personas que están adheridas al cambio o que no se resistan. Por eso abordo también un poco la tierra en el sentido de resurgimiento, como de tener contacto de nuevo con el origen, con la naturaleza, que tal vez hemos perdido en nosotros”.

A la artista le agrada darse cuenta que sus modelos en su calidad de personas sensibles, y metidas dentro del medio, automáticamente generan ficciones: “Es muy rico encontrar que ellos se desenvuelven, generan, para darme algo trabajado desde adentro, no sé de dónde. Les platico mi idea principal, sin embargo cómo lo abordan es algo muy personal”.



Pausa 1


Jaimes, quien se identifica más como pintora, aunque Epidérmide se plantea desde el dibujo, maneja una figuración “tal vez teatralizada, porque tampoco representa la realidad como la vemos, ya que sus personajes acontecen de la tierra”. Trabaja con lo que el modelo en cuestión puede transmitir en el sentido real, lo que automáticamente se gesta en emoción, en cuerpo”.

Aunque no es fotógrafa, retrata a sus modelos y luego trabaja con base en las tomas que considera su “imaginario” que le lleva a inventarse estas ficciones y recreárselas: “Parece una danza porque estoy casi sobre la modelo, moviéndome. Es curioso porque después de 15 minutos ellos quitan la resistencia, la postura que estamos acostumbrados a dar frente a la cámara. También se genera un momento de confianza conmigo y con ellos para que todo fluya. Hay un momento en que también la cámara y yo empecemos a encontrar cosas interesantes”.



Eros 100


A la entrevistada lo que le llama del dibujo es la posibilidad de “plantear imaginarios”, además de lo rápido y manejable que puede ser. Para el díptico Jaimes trabajó con un material “nuevo” para ella: el carbón que además le hizo mucho click el hablar de la tierra desde ello. En Epidérmide emplea técnicas mixtas: “No sólo es el carbón porque hasta en ello hay diferentes saturaciones y materialidad. Es el mismo proceso de la pintura pero abordado desde el dibujo”.

Llama la atención el que se concentre en los rostros de sus modelos: “Es algo personal mío. Algo que no se agota, no me cansa y sigo disfrutando. Forma parte de una triada que tengo, integrado por rostros, cabello y manos. Es algo que no está planteada a consciencia en esta exposición, sin embargo en otras ha sido más resuelta, un poco como del por qué el retrato, el close-up de la persona”.


Flores


La muestra comprendió 15 piezas, entre ellas siete dibujos al carbón, plumilla, tinta china, técnicas mixtas entre pastel y temples, incluso una litografía. De hecho era la primera vez que trabajó este procedimiento de impresión que consistió en “encontrarme con la mística de la piedra”. Para su realización hizo una residencia de 10 días en Aguascalientes, el el Taller Nacional de la Gráfica. “No nada más es dibujar, también es oficio”.


El Onironauta








domingo, 27 de mayo de 2018

José Grinberg, arquitecto/pintor



Merry MacMasters. Vocación: arquitecto; pasión: pintor. Así José Grinberg (CDMX, 1942) se refiere a su quehacer existencial. No es nada raro que un arquitecto también pinte. Los ejemplos sobran. El primero que viene a la mente es el suizo-francés Charles-Édouard Jeanneret Le Corbusier, mientras que en México, Teodoro González de León. 

 
La pintura siempre formó parte de mí, desde joven; es algo que consideré integral en la formación del arquitecto. No hay conflictos, es complementario”, expresa Grinberg quien exhibe bajo el título de Señales ocultos en el Centro Cultural Estación Indianilla. 

 
Su modo de pintar lo liga a la Generación de la Ruptura. Entrevistado, Grinberg reconoce que este movimiento lo influyó al ser estudiante de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México: “Existía el espíritu de la rebeldía. Con (el pintor) Fernando García Ponce había una relación como jóvenes que nos veíamos y platicábamos. Íbamos a hacer arte con Alejandro Jodorowsky, todo ese grupo de personas que en ese momento constituía la ebullición en el mundo cultural de México”.





Si en un principio su pintura fue realista y figurativa, Grinberg tomó pasos hacia “un abstraccionismo mucho más expresivo”, aunque siempre con un tema. En los últimos tiempos lo que más le ha impactado es “el caos en que vivimos”. Precisa que su imaginería básicamente tiene que ver con el estado de confusión, la esperanza reflejada por medio de colores explosivos, en un principio, aunque con el tiempo la paleta se ha limpiado para proporcionarle “una serenidad con los blancos”.


Agrega que nunca ha pretendido que sus pinceladas sean delicadas, al contrario asegura que éstas deben ser espontáneas ya que expresan “estados emocionales y los tiempos que vivimos”. Actualmente el “tema” de Grinberg son “los acontecimientos cotidianos expresados en forma abstracta, aunque con ciertas referencias como son los collages, las noticias, los grafismos que incluye que imponen al final del día un orden dentro del cuadro”.


--¿Organizar elementos en sus cuadros lo reconcilia con el caos?


--La organización del espacio pictórico se vuelve arquitectónico en alguna medida. Todos los cuadros son símbolos que se repiten, por ejemplo, escaleras sin fin que no llevan a ningún lado, laberintos, ventanas abiertas y cerradas. Son experiencias que uno vive a través del tiempo. 

 
José Grinberg no estudió formalmente pintura, sin embargo trabajó un tiempo en el taller de Arnold Belkin.


La exposición de Estación Indianilla comprende tres series, entre ellas Señales. Éstos tienen que ver con el sismo del pasado 19 de septiembre, o las acciones de Donald Trump, incluso hay señales personales que se traducen en tonos azules. En el cuadro Ventana ocre se observa “toda la estructura urbana en la parte inferior: ventanas, edificios, como se componen con los elementos de desorden al grado que en la parte superior aparecen las cruces de lo negativo. A la vez se abren los elementos rojos del optimismo.


--¿Hay un alto grado de protesta en su pintura?


--Hay una protesta social expresada, no con enojo, sino con la idea de generar un sentimiento crítico en el observador para que él y el cuadro dialoguen. 

 
Lo suyo es una protesta en contra del mundo caótico que se vive: “El mundo incoherente, los discursos que no dicen nada, que muchas veces se convierten en las pláticas cotidianas de los ciudadanos. Repetimos las mismas ideas, los mismos conceptos. Pero, fundamentalmente es el caos y la falta de valores que se vive en este momento.


La serie va a continuar porque “vivimos en un mundo de señales”. Lo que cambiará es el tipo –humanas, urbanas, mediáticas y políticas-- de señales, indica el entrevistado.


La exposición Señales ocultas, de José Grinberg, permanecerá hasta junio en el Centro Cultural Estación Indianilla, Dr. Claudio Bernard, colonia Doctores.

domingo, 6 de mayo de 2018

Alfonso Mena, Habitar-pensar-construir



Cuando te vas de México por mucho tiempo y regresas, la ciudad te impacta”, expresa el artista plástico Alfonso Mena (CDMX, 1961), cuya exposición Habitar-pensar-construir, de alrededor de 70 pinturas, collages y objetos, se presenta en el Museo de Arte SHCP, Antiguo Palacio del Arzobispado. Fue un proyecto de tres años.
 

¿Qué le impacta? “Cómo viven las personas, cómo vivimos todos. Es rudísimo, difícil, violento. Lo que pasa es que las personas ya se acostumbraron, por ejemplo, a ver en cada esquina a un niño que pide limosna. Sin embargo, si uno se va mucho tiempo a un lugar en donde no hay esto, al volver te impacta. Como que ver de lejos te hacer ver mejor”, asegura Mena quien pasó dos periodos, uno de siete años, en Estados Unidos.


Habitar-pensar-construir se basa en un texto del filósofo alemán Martín Heidegger, aunque tal vez varían el orden de las palabras: “Es un texto que escribe después (1951) de la Segunda Guerra Mundial porque Alemania acaba destruida, entonces empiezan a crear multifamiliares enormes (“No habitamos porque hemos construido, sino que construimos y hemos construido en la medida en que habitamos, es decir, en cuanto que somos los que habitan”, escribe Heidegger.)


Permanencia 1 (2017), óleo, cera en frío sobre lino


Al regresar de Nueva York me doy cuenta cómo se vive en CDMX, y empiezo a trabajar sobre este texto. Primero, habitamos, luego pensamos y construimos nuestro entorno. Es simple, sin embargo así es. De allí me fui hacia la abstracción. En la obra hay muchas formas geométricas. Usé el símbolo más simple de la casa que reconocen los niños, es uno de los que más se encuentra”.


En la muestra hay planos de casas vistas desde el aire –que a fin de cuentas son formas geométricas-- , también planos imaginarios. A una mapa de CDMX Mena le puso “el D.F.” porque “ya no se llama así. Fue como un homenaje porque se les ocurrió quitarle el nombre, que se me hace terrible. Echaron a perder hasta la canción de Chava Flores, Sábado Distrito Federal. Los niños no van a entender, van a decir qué es esto”. 
Lenguaje 1 (2017),óleo, cera en frío y hoja de plata sobre lino
 

Artista más bien abstracto, el entrevistado revela hacer figuración, pero para sí mismo. En la exposición la figura está presente por medio de unas pequeñas pinturas basadas en las condiciones de vida de una persona sin hogar que encontró bajo un puente del vecindario de Wiliamsburg en Brooklyn. “Tenía su colchón y su cobija. Tomé fotos y luego hice las pinturitas”, explica. También se incluye un minúsculo colchón, que parece una maqueta del original, sin embargo Mena lo encontró en el mercado de pulgas. 
Bauen (2017),óleo, cera en frío y hoja de plata sobre lino


La obra de mayores dimensiones de la muestra es una especie de instalación sobre la pared que parte de una casita hecha con “un plano de la ciudad de los que te dan en el Metro”: “Fotografié esa casita en perspectiva y armé una especie de multifamiliar que es como vivimos ahora. Son 800 serigrafías hechas en papel de arroz”. Utiliza un espejo para repetirla.


En sus piezas Mena ha empleado una amplia gama de materiales que incluyen óleo, tinta, cera, acero, plomo, vidrio, hasta cemento que el mismo coló. También ha colocado un meteorito que parece una escultura en bronce.
Sin título (2017), óleo, cera en frío y hoja de plata sobre lino


El Museo de Arte SHCP se ubica en Moneda 4, Centro Histórico. La exposición Habitar-pensar-construir permanecerá hasta el 24 de junio de 2018.