lunes, 24 de julio de 2017

Helen Bickham en el Palacio Postal




La pintora Helen Bickham (Harbin, Manchuria, 1935) es una gran contadora de historias –aparte de una viajera consumada-- , habilidad que traslada a sus telas y papeles. Los personajes vinculados a sus relatos habitan los cuadros, en una especie de alegre danza, que exhibió hace poco en el Palacio Postal con el título Fragmentos de vida, y que abarcan diferentes periodos de su producción artística.



Artista figurativa radicada en México desde 1962, la obra de Bickham proyecta una buena relación con sus retratados que más bien son imágenes salidas de su cabeza: “Lo que me interesa es la universalidad de la humanidad. Soy muy anti-guerra y anti-discriminación de cualquier tipo. Pienso que podemos caminar por calles donde desconocemos el idioma, sin embargo si en realidad miramos a las personas nos damos cuenta de su estado mental aun si está en blanco, es decir, que no prestan caso. 








“Me doy cuenta hasta qué medida podamos relacionarnos. Además, las diferencias que nos son impuestas por fuerzas externas como los gobiernos y las religiones, son cosas inventadas, que no son parte de la naturaleza humana”. La entrevistada trae a colación una canción interpretada por Joan Baez cuyas letras dicen “te tienen que enseñar a odiar. Enseñado con mucho, mucho cuidado, antes de que tengas siete u ocho años, que es cuando las diferencias comienzan”. Agrega que “todos estamos en posibilidades de comprender, aceptar y disfrutar si no nos enseñaran con tanto cuidado a odiar”.



Para la realización de sus pinturas, grabados y dibujos, Bickham siempre trabaja “desde su cabeza” en el sentido de que no utiliza modelos que posan para ella. Eso, no obstante que “las personas hayan dicho que equis imagen es de su padre, sus amigos o su hijo. Al contrario, es algo que de repente sale. Obviamente es algo en que he pensado o sentido o visto, que es traducido a mi cabeza o mis emociones. Desde muy pequeña, antes de que tuviera un juego formal de pinturas, usaba mis dedos para plasmar lo que salía de mi cabeza”.







Ilustra: “Si pinto una montaña, no es el Monte Fuji o el Popocatépetl, sino los paisajes emergen básicamente de mi cabeza. He utilizado fragmentos de Tepoztlán en diferentes piezas, sin embargo nunca me he sentado y tratado de dibujar sus montañas. Eso porque he pasado tanto tiempo allí, subido y bajado las montañas de manera que he absorbido su esencia que traslado al lienzo, aunque no se trata de algún monte en particular”.



La entrevistada no niega que el resultado final pueda parecer bastante a algo que existe en la realidad. Ejemplifica con un dibujo de la parte antigua de Aberdeen, Escocia, con los pescadores en primer plano, donde pasó una temporada en compañía de sus hijos cuando ellos eran chicos. “Siempre caminaba por la playa en torno a la parte antigua que cuenta con una muralla ya que era un pueblo que se protegía de los vikingos, sin embargo no es posible señalar algún edificio en particular, tampoco el pescador es alguien en especial. Pasé mucho tiempo mirando a los pescadores y al mercado, uno de los más viejos en Europa, con pescados tan extraños porque provenían del Mar del Norte, que es tan frío, que algunos son prácticamente prehistóricos”.



La muestra del edifico de correos incluyó también varios relieves hechos a mano, como si la artista hubiera empleado la técnica del intaglio. Para Bickham se trata de una técnica dibujística: “Parece un grabado, sin embargo es muy gráfico. Lo combino con cosas muy ordinarias como el alimentar a unos gansos”.


miércoles, 5 de julio de 2017

Murales de Orozco restaurados



Dañados en un sismo el 11 de mayo de 2016, los murales El pueblo y sus falsos líderes y El hombre creador y rebelde o El hombre pentafásico, que José Clemente Orozco (1883-1949) pintó entre 1936 y 1937, ubicados en el Paraninfo Enrique Díaz de León de la Universidad de Guadalajara (UdeG), fueron restaurados por el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam), perteneciente al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). 


Para los efectos de la restauración se firmó un convenio entre el INBA y la UdeG. El trabajo se realizó entre el 6 de enero y el 5 de mayo, tuvo un costo total de un millón 865 mil pesos, que incluyó el alquiler de andamios (513 mil pesos), la contratación de personal y material (un millón 292 mil pesos), gastos que fueron cubiertos por la institución educativa. Se trata de aproximadamente 400 metros cuadrados de superficie pintada.








El equipo de trabajo, integrado por ocho personas, fue coordinado por los restauradores de base del INBA, Alberto González Vieyra y David Oviedo Jiménez. Del equipo cuatro eran restauradores egresados de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente, y los cuatro restantes, técnicos que han participado con el Cencropam en otros proyectos.


Hace un año un temblor, primero oscilatorio y luego trepidatorio, dio origen a los daños sufridos por los murales, sobre todo El hombre creador y rebelde. Ernesto Martínez, director del Cencropam, se encontraba en la capital de Jalisco atendiendo otros asuntos. Así que se trasladó al recinto con el objeto de hacer un primer dictamen de manera rápida y una serie de recomendaciones a las autoridades de la UdeG que en ese momento lo acompañaban, al igual que la secretaria de cultura estatal. 






“Fueron daños muy serios”, expresa Martínez en entrevista. “La sillería (del auditorio) tenía algunas partes del mural porque hubo desprendimientos. En forma rápida contamos entre 13 y 14 fisuras que eran visibles desde la parte baja del paraninfo. Los daños fueron básicamente estructurales. La cúpula en donde Orozco pintó El hombre pentafásico, fue la parte más dañada porque es doble. Es decir, hay una cúpula primera, hecha con una estructura de acero, y luego una falsa que es donde está plasmado el mural. Se recomendó hacer el estudio de la estructura que soporta el mural para saber qué tanto daño tenía, repararlo si era necesario, para luego hacer las tareas de restauración.


A los pocos días arribaron al lugar González Vieyra y Renato Robert Papereti para iniciar los trabajos del dictamen del estado de conservación. Oviedo Jiménez anota que al llegar sus compañeros lo que se reportó y declaró en su momento en la prensa es que “la pérdida fue de aproximadamente 20 por ciento”. Como ya se dijo los daños fueron más bien estructurales, entonces “las zonas colapsadas en toda la superficie de la obra correspondieron a un cinco por ciento de pérdida, cuando mucho”.







De allí que primero estabilizaron todas las fisuras y grietas –algunas de tres o cuatro centímetros-- en peligro de colapsarse, incluida la capa de color, explica González Vieyra. Lo primero que se hizo fue inyectar material compatible con lo original para cohesionar el soporte de esta pintura. El sismo provocó separaciones entre los estratos y se crearon algunas oquedades que hubo que rellenar para unificar el soporte. Siguieron la limpieza, tanto mecánica como acuosa, y la reintegración cromática.


González Vieyra anota que El hombre creador y rebelde fue el primer mural que Orozco pintó en una cúpula. Después vendrían El hombre en llamas en la bóveda del Hospicio Cabañas y Lucha social, con su impactante Hidalgo, en el Palacio de Gobierno de la misma ciudad. 







El director del Cencropam señala que la restauración terminó en tiempo y forma, ahora lo que falta es entregar la memoria de los trabajos con recomendaciones de conservación. “También hemos dicho que dentro de cuatro años debemos hacer una nueva revisión de los murales y una limpieza general”.


El Paraninfo Enrique Díaz de León de la Universidad de Guadalajara fue reabierto al público el pasado 4 de julio.



lunes, 12 de junio de 2017

Carlos Arias, un rebelde que borda





Bordar como si fuera pintura, eso es lo que hace el artista Carlos Arias (Santiago de Chile. 1964), radicado en México desde 1988, aunque llegó exiliado de niño en 1975 con su familia. Actualmente, con el título de El hilo está puesto, Arias exhibe 56 obras, con base en el bordado y el textil, que abarcan dos décadas, en la Galería Marso (Berlín 37, colonia Juárez).


En el marco de la exposición Arias charló con Carlos Amorales, representante de México en la edición 57 de la Bienal de Venecia. Buen conversador, con gran sentido del humor, Arias narró cómo en 1983 regresó a su país natal para estudiar la carrera de artes Plásticas en la Universidad de Chile. Era un periodo en que p“los profesores todavía juraban que existía lo nuevo y te obligaban a que tu obra fuera universal, todas esas cosas que están rotas en este momento”. Sin embargo, Arias no cree en lo novedoso: “Me angustia esta idea del éxito que tienen muchos artistas, críticos o galeristas”.


Amorales intervino: “Te conozco desde hace 20 años, aunque no nos habíamos visto en igual cantidad de tiempo”. Dirigiéndose al público que llenó el espacio asignado de la galería, acotó: “Carlos era como un héroe gótico. Parecía roquero, una persona enigmática. Cuando Cuauhtémoc Medina organizó una exposición en el Museo Universitario del Chopo (2016), fuimos y Mónica Castillo me dijo que eras una especie de pintor compulsivo. No podías parar y producías muchísimo. Sin embargo, en cierto momento decidiste bordar como una manera de desacelerar tu proceso. Se me hizo interesante en qué medida hubo un cambio allí de temporalidad mediante la técnica con tu trabajo”.






Arias explicó: “Cuando te exilias, cuando pierdes tu territorio, adquieres otro al que no perteneces. Cuando pierdes eso te conviertes, no en un ser solitario, sino en uno muy independiente. Me pasó cuando empecé a tener un poco de éxito en México, huí a Chile. Cuando comencé a tener un poco de éxito allá, huí hacia México. De la CDMX me fui a Puebla, porque siempre he sentido que no me daba tiempo de hacer las cosas a mi modo. Pintaba mucho; el crítico de arte Luis Carlos Emerich decía que tenía 'diarrea pictórica'. Pintaba 50 o 60 cuadros grandes, figurativos, al año y vendía dos. En el momento hice una serie de autorretratos”.


A mediados de los años 90 del siglo pasado, “casi todos mis colegas dejaron la pintura y empezaron a hacer seudoinstalaciones. Mónica (Castillo, su pareja en ese entonces) comenzó a hacer video y pintar cuerpos. Me puse a hacer un cojín para la casa. Era 1991, fue tan laborioso que decidí colgarlo en un cuadro. Seguí pintando, sin embargo de repente me di cuenta que el bordado me llamaba. Me puse a bordar sin ninguna postura, no obstante cuando me vi al espejo o cuando las personas cercanas me cuestionaban, era como ser mucho más rebelde que los que así se consideraban. Hay un sentido de atemporalidad. En la exposición hay obra de los años 90 y de 2017, no obstante no siento que sea una muestra que tenga diferentes estilos o épocas. Son diferentes modos de operar la herramienta o el material”.


Para Arias bordar era un paso lógico, porque era lento, reflexivo: “No había logrado en la pintura sacar todas mis ideas conceptuales. Son temas atemporales que nada tienen que ver con tendencias o modas. Tanto a Mónica como a mí nos interesaba ese entrecruzamiento entre lo tecnológico, el concepto, el material, el soporte y esas preocupaciones que vienen del arte povera”.
En seguida Amorales quiso conocer si Arias siempre sabe lo que va a bordar. Lo interesante del bordado es que tiene un diseño, contestó el indagado. “Primero, trazo a lápiz, con tinta o con hilo. Cuando todo está hecho sólo te queda bordar”. Continuó: “El cerebro viaja y es mucho más relajado, terapéutico. En cambio cuando pintas siempre utilizas mucha energía, es muy angustiante, porque nunca acabas. El bordado, que es elaborado, no es agotador, es lento nada más”.






En la pared del cuarto donde se desarrolló el conversatorio cuelga el monumental tejido Muro de hilo (2000-2001), de 370 x 770 centímetros. La pieza requirió de una inversión de 10 mil dólares en mano de obra e hilo. “Tardé año y medio en terminarla entre cuatro personas. Claro, estaba ocupado en otras cosas, dar clases –es docente de la escuela de artes plásticas de la Universidad de las Américas, Puebla-- , nunca me ha gustado ser artista de tiempo completo”. Arias tiene una asistente que borda para él y le lee el pensamiento: “Siempre escoge el color que quería”. Sin embargo, hay piezas en que tiene que intervenir el expositor, porque “hay decisiones que se toman en el momento”.


Rememoró: “A finales de los años 90 mi generación estaba en el momento de un cambio porque la siguiente, la de Temístocles, venía muy fuerte, con un rollo neoconceptual muy atractivo que obviamente nos influenció a todos. Se empezó a dejar la figura por la abstracción, la pintura por el video, unos más rápido que otros. Nunca quise abandonar la figuración, sin embargo sí hubo un periodo en que se trabajó mucho más en los aspectos tautológicos del material”.


Arias recordó que una tendencia finisecular y de principios del siglo XXI de trabajar la materialidad fue cuando Nueva York descubrió el arte povera en los años 90. En México, “donde tenemos esta postura antigringa, nos influenciamos por otras vertientes. El pop art nunca llegó aquí porque sería mucha influencia de la Coca-Cola. La tendencia más fuerte fue la transvanguardia italiana y el neoexpresionismo alemán que aquí se llamó neomexicanismo, un periodo espantoso en el arte mexicano, de un mal gusto. Fue gracias a Pablo Vargas Lugo, Eduardo Abaroa y su generación que descubrimos que podíamos separarnos de los neomexicanistas al hacer el pequeño esfuerzo de abandonar ciertas posturas tercas, como la figuración a fuerzas, el autorretrato y el yo yo yo”.


Carlos Arias no es “bipolar”, sin embargo reconoce tener dos personalidades: la del bordado y la de la pintura, según ha señalado el curador Cuauhtémoc Medina. “Al bordar recuperé lo que la pintura antigua tenía que eran esas formas recortadas de mosaico porque el bordado es así. Cuando volví a pintar en 2004 y 2010, quise ver cómo podía acercar la pintura al bordado, pero sin bordar. Empecé a pintar muy atmosférico, muy de manchas, a la manera de un boceto. El bordado es muy físico. La única obra bidimensional de carácter material es el bordado. Con la pintura, la fotografía y el grabado, pones algo encima. Siempre es la huella de algo. En el bordado no hay huella de nada. Es huella, cosa y tiempo”. 


La exposición El hilo está puesto concluirá el 24 de junio.

jueves, 18 de mayo de 2017

Un lustro sin Carlos Fuentes



En el quinto aniversario de la “ausencia” de Carlos Fuentes (1928-2012), su viuda, la periodista Silvia Lemus, expresó que “no sólo necesitamos recordar y leerlo, sino cada vez más seguir conversando con él”. Por eso “su palabra, sus libros, sus ideas a favor del diálogo y la justicia nos siguen alentando y acompañando”. 


En el acto realizado en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes, acotó” “No creo ser la única mexicana que al leer el periódico se pregunte, ¿qué diría Carlos Fuentes sobre el muro de Trump? Puedo imaginar su voz encendida condenando un gobierno que pretende duplicar las fronteras. En cuanto a México me parece que muchas veces Carlos ya había previsto nuestros males mayores: la violencia, la pérdida de la comunidad, la impunidad de los poderes. También es bueno recordar que había creído mucho en la sociedad civil, de la democracia igualitaria en la modernidad como pocos intelectuales nuestros que pelearon tanto por la justicia social y la civilización democrática”.


De allí que Lemus pidió volver a sus libros y continuar la conversación con sus páginas. Los demás participantes se habían referido a tres libros de Fuentes que en 2017 cumplen medio siglo y 30 años, respectivamente, de haberse publicado: Cambio de piel y Zona sagrada (ambos de 1967), y Cristóbal Nonato (1987).
La periodista escogió hablar de La frontera de cristal (1995), novela en nueve cuentos, escrita en la época en que se concibió el Tratado de Libre Comercio (TLC). En ella Fuentes muestra como en la frontera entre los dos países se agudizan el resentimiento y los intereses económicos en tiempos de negociación como los que motiva el TLC. El libro es “emblemático” de la preocupación de Fuentes por la relación bilateral.


Gonzalo Celorio, al hablar de Cambio de piel, afirmó que es una novela ambiciosa que corresponde a la juventud del autor. Un libro que responde a la necesidad apremiante de decirlo todo, de compendiarlo todo, una novela urgida de llenar un vacío histórico, de plasmar nuestro ser en relación con nosotros mismos y con la cultura universal.


El autor de Del esplendor de la lengua española dijo que Cambio de piel es una novela de gran relevancia para la literatura mexicana, pero acaso lo es más para su historia. Pues “continua y de algún modo culmina el largo proceso de emancipación cultural que se inicia con nuestra independencia política en los albores del siglo XIX, que durante toda esta centuria se esfuerza en definir nuestra propia identidad que constantemente se debate entre las culturas originarias y la europea impuesta”.Cambio de piel es un gigantezco mural pintado por un miniaturista. Es un texto “libertador para todos nosotros, pero también para Fuentes quien mudó de piel con ello”.


Ana García Bergua reconoció que Zona sagrada se ha considerado una novela de menor envergadura dentro de la vasta e inabarcable obra del homenajeado. Sus protagonistas están inspirados en la actriz María Félix y su hijo el actor Enrique Álvarez Félix. De allí que le agradó hablar de “ella justamente por la curiosidad y la convicción de que la obra de un autor, incluso el más antiguo de todos, es un ser vivo y cada lectura renueva al infinito sus posibles reverberaciones e interpretaciones”.


La narradora y colaboradora de La Jornada Semanal afirmó que “de alguna forma Zona sagrada se lee como una película , una película cuyos temas indagan hondo en temas míticos y sempiternos, inquietantes”.
Para la autora de Fuego 20 “la gran apuesta estilística de Fuentes, esa que buscó totalizar las voces joyceanas y faulknerianas y los espejos del nouveau roman con el trasfondo de la historia y la literatura, encuentra en esta novela de 1967 los primeros acercamientos a esa gran ambición”.


Respecto de Cristóbal Nonato, el investigador Antonio Saborit señaló: “En el transcurso de la gestión de Nonato, el lector conoce lo que debe sobre la historia familiar del personaje central de la novela y la épica y antiépica nacional. Ésta era la idea desde un principio cuando Fuentes se aventuró a acomodar el trama de la novela en el futuro aunque sin ir más allá de los seis años que como máximo establece nuestro sistema métrico sexenal. Al cabo del tiempo el escenario imaginado por Fuentes para el México de 1992 se integra de manera natural del festín que es Cristóbal Nonato y de hecho todo futurismo desparece… La violencia, la prisa, la crueldad y la muerte siguen siendo nuestras alfabetizaciones”.



miércoles, 19 de abril de 2017

En el Día Mundial de la Bicicleta


Tras su debut hace dos años en el Museo Franz Mayer la exposición La vuelta a la bici ha viajado a otros dos espacios: las instalaciones de El Amate ubicado en el Parque Barranca Chapultepec, en Cuernavaca, y el Museo Nacional de los Ferrocarriles en Puebla. Sin embargo, en sus nuevas sedes tuvo una adaptación local, porque ya no tenía sentido hablar de la bicicleta en la CDMX, expresa su curadora Ana Álvarez.

Entrevistada, explica que en el caso de Cuernavaca “descubrimos grupos de activistas en municipios, que hacen una destacada labor. Por ejemplo, que las mujeres se suban a la bici y que las personas anden en lugares considerados peligrosos. En Temixco hay un grupo de mujeres que todas las semanas salen para así no renunciar al espacio público”. En el estado de Morelos Álvarez y su equipo de investigadores también se dieron cuenta que los grupos de activistas tenían una vocación muy fuerte de “ciclo-turismo”, además de promover la conectividad interestatal.










Una parte de la exposición se refiere a cómo la bicicleta, creado hace unos 200 años, ayudó a emancipar a la mujer: “Cuando apareció la bici las mujeres usaban vestidos victorianos que pesaban 20 kilos. Son los fabricantes los que empiezan a impulsar que haya una adaptación en la vestimenta. También desde esa época se siente que el ajuste en la autonomía de la movilidad traería cambios profundos”. La muestra incluye la fotografía estenopeica de finales del siglo XIX, El marido obediente, en la que una mujer acompañada de su bicicleta, le dice al esposo, ‘lava bien la ropa, que no se tiñe de azul, que me voy de paseo’”.

En el Museo Nacional de los Ferrocarriles la bicicleta se alió con el rescate del patrimonio histórico y cultural. Consciente de la “fuerte tradición en fototecas” que tiene Puebla, una vez allí Álvarez se dio cuenta de “la magnitud e importancia de esos acervos, no nada más para la entidad, sino para la memoria nacional”, al grado de decir “no hay ningún otro registro así de extraordinario sobre la bicicleta en el país. Es un acervo de 4 mil imágenes encontramos como 30 en que había bicicletas de manera cotidiana en Puebla”.  






De allí que para su presentación en Puebla la muestra se enriqueció con acervo de la Fonoteca Antica, con registros relevantes del uso de la bicicleta en el Estado, así como su estrecha relación hoy día con las vías verdes. 

También a nivel de los reglamentos: “Encontramos registro de reglamentos de 1893 sobre cómo se debía de conducir a la bicicleta y qué cosas estaban prohibidas como pasar por los parques, ir a una velocidad mayor que el trote regular de un caballo. Más adelante eso se modifica. Ya para 1914 se establece que no se podía soltar las manos del manubrio, tampoco quitar los pies de los pedales, ni llevar niños en el cuadro. En fin, una regulación que habla de un uso intensivo y muy cotidiano en el caso de Puebla que para mi fue una sorpresa”. 

Otra sorpresa fue la cantidad de mujeres que se mueven en bicicleta en municipios como San Andrés Cholula. De hecho, el alcalde de este poblado asistió a la apertura de la exposición en el Museo Nacional de los Ferrocarriles. Respecto a esta tradición Álvarez apuntó que las mujeres llevan a los niños en bicicleta que a su vez pedalean. De allí que los cholultecas han desarrollado toda clase de diseños para adaptar las bicis para llevar a los hijos. Pasa lo mismo en CDMX en lugares como Ixtapalapa o Xochimilco que son “pueblos bicicleteros”. 

Si en sus dos primeras sedes la exposición comprendió 52 bicicletas mexicanas y extranjeras, en Puebla la cantidad se redujo a 32: “La muestra aquí es más chica por el espacio, aunque más nutrida en diversidad”. No obstante incluyeron bicis nuevas así como otro material como un video en el que se habla con Isidro Pacheco, con 81 años de andar en bici, quien dice, “cuando me levanto y me duele el cuerpo, me subo a la bici y se me quita”.

Para Álvarez La vuelta a la bici rearma el rompecabezas de la memoria colectiva de la historia de la movilidad en el país. La exposición permaneció hasta el 28 de mayo en el Museo Nacional de los Ferrocarriles, en Puebla.

El Día Mundial de la Bicicleta se celebra el 19 de abril.





martes, 11 de abril de 2017

Leonora Carrington a 100 años


Qué taquillera es Leonora Carrington (1917-2011). Primero, porque todo mundo quiere hacerle homenajes a la pintora y escultora surrealista con motivo del centenario de su natalicio, cuya conmemoración comenzó el pasado 6 de abril. Segundo, porque acuden personas de todas las edades a esas actividades, ansiosas de conocer su obra así como aspectos de su azarosa vida.

El galerista Pablo Goebel se adelantó a todos al inaugurar el pasado 30 de marzo la exposición Fábulas y bestiarios: cien años de Leonora, con obra básicamente en papel, pero también escultura y algo de pintura, en su espacio de Taine 212, Polanco. Llama la atención una serie de dibujos que la artista realizó junto con Pedro Friedeberg.

Doña Leonora nació en Clayton Green, Lancashire, Inglaterra, hija de una ama de casa irlandesa y un industrial inglés. En 1920 la familia se trasladó a Crookhey Hall, mansión victoriana cercana a Lancashire cuya influencia es apreciable en toda la producción artística de Carrington. En los albores de su carrera pictórica la joven mujer, tras estancias en Francia y España, sucumbió a los peligros de la Segunda Guerra Mundial y sólo logró salirse de Europa en 1941 al casarse con Renato Leduc, entonces embajador de México en Portugal. Primero vivieron en Nueva York y luego en CDMX (1943), donde ese matrimonio por conveniencia llegó a su fin y se divorciaron.

Gracias al empeño y los esfuerzos de sus dos hijos, Gabriel y Pablo Weisz Carrington, la celebración cobra dimensiones mayores. Las actividades se iniciaron a las 10 horas en la Biblioteca de México (Tolsá 4, La Ciudadela, Centro) con el panel internacional, en el que participaron autoridades del tema surrealista, como Whitney Chadwick, Roger Shanon, Susan Aberth y Stefan van Raay.

Siguió por la tarde la dramatización de La dama oval, cuento de la homenajeada, montada por Caracola Producciones. después fue inaugurada en el Patio de los Escritores, y alrededores, la exposición 100 años de una artista: Leonora Carrington, cuyo contenido consta en gran parte de documentos del archivo personal de la artista: fotografías, correspondencia, libros, escultura y reproducciones de su obra pictórica. Se trata de un acto de memoria con la posibilidad de apreciar procesos creativos, incluso las etapas por las que pasa la obra de arte para luego entregar un resultado. Corresponde a “la obra negra, o esqueleto,” de donde surge el resultado final.

Gabriel Weisz, presidente de la fundación que lleva el nombre de su madre, expresó que el arte es la única manera para impedir la muerte del imaginario: “Leonora vivió una época en la que el nazismo decidió condenar varias obras de arte con el título de ‘arte degenerado’. El mismo compañero de ella, Max Ernst, fue considerado una amenaza para la cultura alemana.
En 1961 el diccionario de artes plásticas de la Academia de Bellas Artes de la Unión Soviética descalifica el surrealismo como manifestación reaccionaria producto de alucinaciones monstruosas, de pesadillas y productos patológicos.

No olvidemos que el arte es un terreno de libertad que hace frente a las dictaduras del pensamiento y que un arte como el de Leonora emerge de un mundo complejo y profundamente rebelde. De aquí deriva la enorme fuerza que tuvo alguna vez y que hoy conserva. Sin arte una sociedad pierde una de sus riquezas más entrañables.

Por ello una celebración de Leonora lo es al arte o al revés, en un mundo que se define cada vez más por un consumismo desbordado. El verdadero arte nos ofrece alejarnos de esa enfermedad que se llama la pobreza del espíritu. Hoy también celebremos nuestro derecho a la cultura, sin la cual las personas experimentan un vacío total”.

Gabriel Weisz, quien es catedrático y escritor, juzgó pertinente que el festejo pudiera darse en la magna biblioteca, pues su madre siempre fue amante de los libros.

Para la titular de la Secretaría de Cultura federal, María Cristina García Cepeda, celebrar a Leonora Carrington es reconocer la universalidad de la cultura mexicana, construida de intercambios, encuentros, del diálogo fecundo con todas las culturas del mundo. La homenajeada es “creadora indispensable del arte mexicano”, aseguró la funcionaria.

A poca distancia de la Biblioteca de México, en la Galería Metropolitana (Medellín 28, colonia Roma), de la Universidad Autónoma Metropolitana, se inauguraba otra exhibición celebratoria con obra de la artista, Leonora Carrington: imaginación delirante.

El 29 de marzo trascendió que la UAM está en pláticas para adquirir la casa donde vivió la también grabadora en la calle Chihuahua, con la finalidad de convertirla en “casa museo”.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), por conducto de su área de difusión cultural, se sumó a la muestra al facilitar piezas pertenecientes a las colecciones de arte que están bajo su custodia. Doña Leonora realizó una exposición antológica en el Museo de Arte de Hacienda a finales de 2003. En 2016 su hijo Pablo Weisz donó la escultura The palmist (El quiromántico) a las colecciones de la Dirección General de Promoción Cultural Acervo Patrimonial de la SHCP. La muestra Leonora Carrington: imaginación delirante fue curada por Rafael Alfonso Pérez y Pérez, subdirector del Museo de Arte de Hacienda.

En la apertura de la exposición Pablo Weisz, médico y pintor, escribió durante más de dos horas, con toda la paciencia del mundo, dedicatorias en el tríptico de la exhibición, que los asistentes le llevaban.










domingo, 26 de marzo de 2017

Pedro Friedeberg y la vidriera Faena



El pintor y escultor de tendencia geométrica Pedro Friedeberg intervino en noviembre pasado el renovado edificio Faena Bazaar --antes Hotel Atlantic Beach, construido en 1936-- , en Miami, con un mural que utiliza la técnica de la maquetería, pero con piezas de superficie sólida (compuesto de minerales y resinas plásticas), previamente cortadas conforme a un control numérico. En este caso mil 200. También se montó una exposición de su obra más representativa como la conocida mano/silla.





 
La Faena Stellar Window es la primera de 20 obras de gran formato que Friedeberg piensa hacer a lo largo del tiempo. El Faena Bazaar es un proyecto del arquitecto holandés Rem Koolhaus, galardonado con el Premio Pritzker en 2000, inaugurado el 26 de noviembre en el distrito Faena, y forma parte de un complejo de tres estructuras que incluye, además, un foro y un estacionamiento. El proyecto se hizo en el marco de la feria Art Basel.

Nacido en Florencia, Italia, en 1936, traído a México a los tres años, y nacionalizado mexicano, Friedeberg se reunió con la prensa para informar de sus actividades más recientes. Explicó que la Faena Stellar Window se inspiró en el chellista Adolfo Odnoposoff, “quien vino a México en dos ocasiones. En una de ellas ofreció un concierto con música de Boccherini, entre otros. Era un genio. En homenaje a él hice un cuadro que ya se mostró. Ésta pieza está inspirada en este cuadro aunque lleva otros colores”.








Para la realización del proyecto se estudió el edificio y, debido a los espacios luminosos y la proliferación de ventanas, Friedeberg decidió incluir una obra alegórica a una vitrina que cubre un espacio y a su vez replica la arquitectura del lugar.


La también llamada Vidriera Faena es, entonces, un homenaje a la música, en que “una serie de radiales convergen en la perspectiva de la obra para abrirse a una metáfora sobre los pentagramas sonoros. Cada radial corresponde a un símbolo que se repite en gradiente 11 veces hasta llegar al centro. Son relativos a distintas culturas: hebrea, turca, mixteca, azteca, maya, árabe y europea”.






El artista expresó que la primera pieza de este estilo es el mural 16 adivinanzas de un astronauta hindú, hecho en 1968 para el Hotel Camino Real. Para la realización la Faena Stellar Window Friedeberg contó con el apoyo de la fabricante Gabriela Díaz y el promotor Bernardo López Morton. La intervención duró hasta el 7 de diciembre.

Según Alejandro Sordo, curador de la muestra, se trata de relanzar la obra del artista en Estados Unidos donde ha realizado la mayoría de sus exposiciones individuales, de allí que su principales coleccionistas están allá, así como el mayor cuerpo de su obra. Se proyecta para octubre próximo una conferencia sobre su obra en la Universidad de Berkeley y una exposición en su galería.





Mientras tanto, el 25 de marzo se inauguró su fuente Casa para un matrimonio ideal, en Jardines de México, Estado de Morelos, durante el festival de música y arte Vaivén. Friedeberg también ha ilustrado un libro para la colección Arte y Letras de Mirlo Ediciones. El artista pidió trabajar expresamente con Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam (1466-1536), que se volvió a traducir, ahora del latín al español. Hizo 44 imágenes exprofesas, así como las guardas y la portada. Se presentará el 28 de marzo en el Centro de Diseño, Cine y Televisión.







También se prepara un libro sobre la obra gráfica de Friedeberg, cuyo título será Original múltiple, en donde “vamos a aclarar todas las ediciones que se han hecho desde 1970, hablar de los talleres y explicarle al público la diferencia entre una serigrafía, un grabado y un dibujo electrónico impreso en giclée, y la historia del artista en relación a esto, y comentarios sobre su obra gráfica más conocidas como el Códice Miguelito”.