miércoles, 25 de abril de 2018

Patricia Soriano, homenaje en La Esmeralda

 

La pintora Patricia Soriano (CDMX, 1964) se despidió de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” (ENPEG), después de dos décadas de impartir clases, con una exposición montada en su honor el pasado 1 de marzo, en la que la obra de 15 de sus exalumnos “dialogara” con la suya propia. Con la muestra, curada por Octavio Avendaño, se dio inicio a la celebración por los 75 años de la institución educativa.

Entrevistada por La Jornada, Soriano hace hincapié en la necesidad de “retomar las riendas de mi vida profesional”, aunque reconoció disfrutar “el espacio de reactualizar conocimientos, preceptos, nociones”, algo que no sucede cuando “te dedicas al soliloquio de tu trabajo de taller individual. Sucede cuando sales al mundo, cuando tienes contacto con los jóvenes, con sus inquietudes, problemáticas, intereses, ocurrencias, locuras, desvaríos, angustias. Entonces, en ese momento mi labor se enriquece a través de los otros”.

Kali

Sin embargo, “aun así después de 20 años concluidos como docente en la ENPEG llega el momento de decidir un espacio de cambio, transición, en que necesito más tiempo para Patricia Soriano para que ella restablezca nuevas maneras de entender su propio proceso”. 
 
La homenajeada no se aleja de la docencia del todo ya que hace tres meses ganó una plaza de tiempo completo en la Facultad de Artes y Diseño (FAD), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), su alma mater, donde ha impartido clases también desde hace 27 años. En la FAD da clases de dibujo, no obstante quiere que la UNAM “me de un taller de pintura para dar clases como Gilberto Aceves Navarro y entonces sí declarar que soy un referente de relevancia para la UNAM”. También prepara su maestría.


Señora venganza

La exposición Homenaje a Patricia Soriano se componía de nueve cuadros de la homenajeada, mientras que la demás obra era de los exalumnos: Alejandra Alarcón, Miguel Ángel Alcalá, Emerson Balderas, Roberto Castillo, Pablo Cotama, Alejandra España, Agustín González, Patricio José, Salvador Jacobo, Julián Madero, Víctor Manuel Peña, Victoria Santaella, Ángel Solano, Alejandra Venegas y Lucía Vidales. 
 
Por fortuna, continúa la entrevistada, “la capacidad creativa de mis exalumnos ha podido detonar en rutas de investigación y creación completamente disímiles”. Dice sentirse orgullosa de haber participado activamente en la formación de criterios críticos que ponderan la libertad, la respuesta activa a las condiciones de vida que no satisfacen su punto de vista”. 


Paisaje
 
Son jóvenes que “en algunos casos se han inclinado por el trabajo en colectividad y de retribución social, otros que tienen una muy clara convicción de que enarbolar una actitud crítica respecto de los discursos en boga, contemporáneos de la pintura, no es la única vía de desarrollo. Por otro lado están los exalumnos cuya capacidad se ha orientado hacia el trabajo docente con excelencia”.

En el acto inaugural Soriano celebró que estos jóvenes pintores “no emulan a la maestra, no pintan perros, por fortuna”.


Sociedades

Karla Villegas, directora de la ENPEG, dijo que “receptivos como siempre a nuestro entorno cultural, social e histórico frente al mundo contemporáneo, asumimos la labor de la artista y docente Patricia Soriano como un elemento fundamental en el campo de la pintura contemporánea de nuestro país”.

Señaló que la vocación de la homenajeada ha transcendido de manera sensible en decenas de generaciones de artistas cuyo trabajo, hoy, se ve influenciado, más que por un estilo formal, por una convicción frente a la pintura”.

Carrusel



miércoles, 11 de abril de 2018

Fernando Cordero, fotógrafo de la emoción arquitectónica




Hace 31 años cuando el fotógrafo Fernando Cordero (CDMX, 1958) buscaba en qué especializarse se encontró con la arquitectura. Con formación de cine fotógrafo, cuya actividad dentro del séptimo arte es la creación de “atmósferas emocionales”, se dio cuenta que “de alguna manera” los arquitectos crean precisamente eso con sus diseños que “por lo general” los fotógrafos no interpretan. Lo que le interesó de la arquitectura fue su emoción, encontrar al arquitecto detrás de ello. El reto de crear “estas atmósferas en espacios que a veces son anodinos, hay que hacer que digan algo. Por eso la fotografía de arquitectura es apasionante y se convierte en algo que empecé a generar como un lenguaje y estilo particular más allá de un mero registro”.

Cordero no suele exhibir su obra en forma individual, sin embargo aceptó la invitación del Seminario de Cultura Mexicana de mostrar 31 imágenes, la mayoría en blanco y negro, aunque también había color, con el título de Historia sin fin. Tapias, exposición curada por el investigador Peter Krieger. Sin embargo, no se trata de una exhibición de arquitectos y su obra sino la curaduría habla de la arquitectura y el paisaje. En muchos sentidos, apunta Cordero, la arquitectura es una fotografía de paisaje porque el tema es la luz.




El trabajo de Cordero fluctúa entre lo personal y el encargo: “Visito al arquitecto para conocer sus puntos de vista y que me explique su obra. Muchas veces en el entendimiento de su obra surgen ideas, detalles, que pueden ser puntos de partida para generar la fotografía. No obstante, son proyectos personales porque a pesar de que los arquitectos me piden fotografiar su obra, siempre he tomado esto como una beca que me permite llevar acabo una investigación arquitectónica que a través de los años ligara en una línea anecdótica, conductual e iconográfica que genera una historia”.

Si la fotografía de arquitectura en México fue “sumamente importante” en los años 60 y 70 del siglo pasado, lo dejó de ser. Mientras personas como Guillermo Zamora y Armando Salas Portugal marcaron una huella significativa en el lenguaje de la fotografía de arquitectura moderna, para Cordero la arquitectura mexicana pasa por un momento difícil al igual que muchas cosas del país. Eso porque “en esa tendencia de globalización tanto la fotografía como la arquitectura, otras disciplinas artísticas y actividades profesionales, pasan por un momento de adaptación a un alud de ideas y conceptos que nos confunden mucho”.





Según Cordero la arquitectura mexicana hoy es una “mala copia de lo que pasa en el mundo de una modernidad que de alguna manera se ajusta a economías que tienen que ver con esto. Nosotros copiamos eso como si no tuviéramos ninguna identidad. Hemos perdido la esencia de esta cultura nuestra que es de arquitectos. La arquitectura prehispánica, colonial, todo, habla de un país con una pasión por la arquitectura. Sin embargo, los últimos 10 años ha sido una cosa lamentable. Lo vemos en fenómenos arquitectónicos como Santa Fe y estos edificios que se construyen pseudo modernos, que tienen que ver con otras ciudades, otras realidades”.

Las nuevas tecnologías también han golpeado a la fotografía. Cordero no hace fotografía digital y se niega al uso del photoshop. Trabaja con cámaras de formato grande, la mayoría con 4 x 5 o 8 x 10, con cámaras de corrección de perspectiva. Claro, ve en lo digital un medio formidable de transmisión de imágenes, sin embargo su trabajo es con base en la fotografía análoga. Y esto es una de las parteaguas de la exposición, “el entendimiento de que en México vemos los cambios de tecnología como si fueran una meta de llegara una situación óptima, como si eso fuera importante”. La fotografía digital es un complemento, no un sustituto, asegura.


Para el entrevistado la fotografía de arquitectura es de paciencia, contemplación y entendimiento. Aunque su acervo es extenso, “a veces hago una foto en un día o en una semana. En otras ocasiones tengo la luz idónea y hago 10 en un día, que es muy raro. Lo normal son tres al día. Peter seleccionó 120 imágenes y poco a poco vio las coincidencias con su discurso hacia la geología y el entendimiento del hombre en el planeta, la evolución y la filosofía decimonónica de la revolución industrial. Vio la relación íntima entre el paisaje y el problema que los humanos tenemos con la naturaleza y la construcción de estas arquitecturas que a veces rayan en lo ridículo utilizando las materias primas que extraemos al destruir la naturaleza”.


lunes, 26 de marzo de 2018

Antoine d'Agata en el Centro de la Imagen



Merry MacMasters. El fotógrafo y director de cine francés Antoine d’Agata (Marsella, 1961) tiene una historia muy larga con México. Con apenas 22 años llegó aquí por vez primera tras las huellas del poeta y director de teatro Antonin Artaud. Buscaba la “magia” de la realidad mexicana. Una década después se volvió fotógrafo y tomó su primera imagen en la frontera del norte del país. 
 
Nunca dejó de venir a México, sin embargo con el tiempo esa belleza que buscaba en los primeros viajes, cambió en cuanto la situación del país se hizo “más pesada, compleja y complicada”. Miembro de la Agencia Magnum desde 2004, D’Agata exhibió bajo el título Códex, México 1986-2016 en el Centro de la Imagen (CI). La exposición consistió en la realización de un fotomural en un espacio al aire libre y un video. 
 
El “diálogo” con D’Agata inició hace dos años, expresó Itala Schmelz, directora del CI. En un principio el interés era hacerle una exposición “en forma” de su trabajo en México, algo que quedó pendiente. Mientras tanto, al fotógrafo “le encantó” la pared conocida como “fotomuro”, que trabajó a manera de collage, al usar, reusar, reducir y agrandar sus imágenes.

Lo suyo es un trabajo “muy radical” ya que se mueve en ámbitos de mucha violencia, drogadicción y prostitución. Sin embargo, “no es el típico fotógrafo que observa, se lleva las imágenes, pero nunca toca. D’Agata se involucra con estos contextos. A veces la cámara está en sus manos, otras no necesariamente. El mismo entra en estos ámbitos como actor de ellos. Se va a los márgenes y los vive”, señaló Schmelz. 
 
El resultado es una fotografía muy “auténtica”. No obstante, “al hacer todo esto en ambientes nocturnos, de alcohol, sucede algo con las imágenes que de alguna forma los cuerpos pierden la solidez y generan ciertos accidentes visuales muy interesantes que te llevan a imágenes de lo monstruoso, o lo grotesco, que son fascinantes y que los distinguen casi de cualquier otro autor”, acotó la titular del CI.

D’Agata estudió en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, en 1990, bajo la tutela de Larry Clark y Nan Goldin. Entrevistado, se refirió a los 13 años que vivió sin casa, “sólo en movimiento por el mundo”. Su relación con México es “muy particular”, incluso, su compañera es mexicana.
 
Mi filosofía –explicó-- siempre fue hecha de belleza y de violencia porque mi perspectiva salió de una mezla de política y narcótica. Siempre entendí y compartí esa violencia de la calle. Viví las imágenes desde adentro, sin embargo aquí con los años esa violencia ha llegado a un punto de locura. Poco a poco uno se encuentra totalmente impotente frente a una violencia que entiendo de dónde viene, sin embargo llega a un punto absurdo y trágico”.

Continuó: “Hoy veo mucha dignidad y fuerza de la población mexicana que la enfrenta. A veces no entiendo en donde encuentran tanta fuerza para día con día seguir con la vida, cuando las cosas están tan locas. Como fotógrafo mi situación es particular porque siempre hay una distancia. Elegí estar en esas imágenes, contrario a las personas retratadas que no eligieron nada”.

Además, usted puede irse.

--Por eso se mueren y estoy aquí todavía. Estoy muy agradecido con la confianza que me entregan porque saben que no estamos en la misma condición. 
 
El Centro de la Imagen se ubica en Plaza de la Ciudadela 2, Centro.

domingo, 11 de marzo de 2018

Cultura Pop en la Galería Velasco



La Galería José María Velasco se propuso revisar la obra de cuatro jóvenes artistas mexicanos cuya influencia proviene de la cultura pop (el cómic) y la ilustración, fenómeno que desde los años 80 del siglo pasado se ha suscitado en el mundo, expresa Alfredo Matus, director del recinto perteneciente al Instituto Nacional de Bellas Artes.

Ellos son Erik Rivera (CDMX, 1979) quien exhibió 10 óleos con el provocativo título Maricón: desafío al desafío, Favio Montoya (Mazatlán), de quien fueron igual número de óleos y acrílicos con el nombre Bindu, el artista urbano José Carlos Hernández Pvlcro (sic), en el gabinete y con intervención en la fachada, mientras que la pieza del mes My Lord era del pintor tepiteño Vicente Anaya.

Son artistas que tienen un vínculo muy fuerte con el Internet, de donde deriva su información”, continúa Matus. También juega un papel preponderante la técnica japonesa shojo, categoría del manga y el animé dirigida al público adolescente femenino con personajes de ojos enormes, “chicas coquetas que se muestran inocentes aunque su vestimenta es audaz”.

Rivera, sin embargo, atribuye el tipo de trazo naif de su pintura al modernismo mexicano, en especial la obra de Nahui Ollin, Abraham Ángel, Nahum B. Zenil, Julio Galán y Frida Kahlo. Lo del expositor está dedicado al “niño interior”, aunque aclara que sus infantes ya fueron adultos, entonces regresaron a ser niños con una fisonomía mezclada.

El título de la exposición emplea la palabra “maricón” con el objeto de “neutralizar, o reivindicar, esta dicotomía entre dos conceptos: o eres homosexual o eres muy cobarde. La idea es quién es más maricón en todo caso: el homosexual o el que lo teme”. Mientras cinco de sus figuras son afeminadas, la otra mitad muestra ira y agresión porque “la gran parte de las personas homofóbicas reaccionan a su miedo con rabia. Es como que tienen que mostrar que no tienen ese miedo y que son muy machos. Siempre digo, lo macho no quita lo maricón y viceversa”.

Formado como diseñador gráfico, aunque siempre quiso pintar, Rivera explica que sus “retratos” con fondos de poca profundidad, son “a propósito. Lo que hago es retomar la ilustración infantil a manera de herramienta para exponer estos temas que pueden ser un poco incómodos”. Incluso, el marco floral, u orgánico, que le da a sus “niños” se torna “cursi” y apela a “esa parte de la sensibilidad y emoción masculina que nunca se proyecta”.

La pintura de Favio Montoya, no obstante, tiene influencias de la ilustración y del animé debido a su pasión infantil por la televisión y el cómic. De niño soñaba con ser dibujante de cómics y animador. En algún momento se alejó de la manga y el animé dado su interés por la figura clásica, de allí que estudió a los griegos y a Rodin, sin embargo regresaba siempre al cómic de la manga aunque desde unas plataformas no tan usuales.

Por ejemplo, combina cabezas animales –gatos, conejos, venados, osos-- con cuerpos infantiles. “Me baso primeramente en la teoría de la resonancia del alemán Bert Hellinger quien plantea que un adulto es resultado del niño directamente. Cuando empecé a pintar niños me di cuenta que las personas se sentían directamente atraídas e identificadas. Había dado cause a una sensación que tal vez tuvieron de niño. En este caso ejemplifico mucho la cuestión del dolor porque tenemos traumas que no sabemos por qué son pero surgieron en la niñez”.

Las cabezas de animales, por otro lado, están basadas en el método de teatro de Stanislavski ya que Montoya también es actor:”Muchos de los personajes que construyo tienen que ver con la esencia de un animal. El gato representa sensualidad, el conejo, astucia”. Relaciona su pintura con el movimiento internacional de arte low brow, que surge de las calles, sin embargo llega a plataformas más altas como los museos y las galerías.

El conjunto de exposiciones permaneció hasta el 11 de marzo en la Galería José María Velasco, Peralvillo 55, colonia Morelos.

lunes, 5 de marzo de 2018

Creación en movimiento: Diseño



El programa de la generación 2015/2016 de jóvenes creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), incluye por vez primera la especialidad de artes aplicadas en las siguientes áreas: diseño editorial, de joyería, textiles y muebles.

Dichas técnicas, manifestaciones contemporáneas como el cómic, la narrativa gráfica, la historieta, así como disciplinas más tradicionales como la pintura, la escultura hasta la arquitectura y los medios audiovisuales, se pueden observar en Creación en Movimiento 2015/2016, exposición de las 132 piezas de 111 becarios provenientes de 23 estados, abierta el 20 de enero en el Foto Museo Cuatro Caminos.

Anteriormente, el Fonca de todos modos recibía proyectos de diseño y artes aplicadas que se atendían por medio de otras especialidades. Aparte de apoyar a los artistas emergentes en esas áreas, la instancia decidió que era necesario hacer “un serio reconocimiento hacia el arte en el diseño que tiene justamente esta característica artística de creación, innovación y aporte”, expresó René Roquet, jefe del Departamento de Control de Becas del Fonca.

Si en un principio se decidió apoyar a los cuatro áreas arriba mencionados, también se ha sugerido ampliar la convocatoria al objeto utilitario. A partir de que se incluyó artes aplicadas en el programa “notamos que ha incrementado la participación en esta disciplina, a la vez que ha bajado un poco el índice de solicitudes en otras donde los artistas del diseño querían entrar”, indicó Roquet.

Ana Elena Mallet, una de los cuatro tutores, junto con Trine Ellitsgaard, Héctor Rivero Borell y Uzyel Karp, de las primeras dos generaciones en artes aplicadas, reiteró que finalmente se ha dado un reconocimiento al diseño como disciplina cultural y se integra dentro de las becas de los jóvenes creadores. La primera generación contó con ocho becarios (cuatro diseñadores de joyería, tres de textiles y uno editorial).

Los cuatro tutores “teníamos consciencia que había que cuidarla mucho al ser el primer año de una disciplina que raya entre lo técnico y lo artístico. Finalmente, es “una disciplina nueva si hablamos del diseño en México que a nivel universitario empezó en los años 60 del siglo pasado, apenas entendemos qué es y para qué sirve”, dijo Mallet.

Curadora especializada en diseño, Mallet hizo hincapié en el desempeño de la artista del textil Trine Ellitsgaard, quien “hizo un trabajo increíble con las responsables de la marca Déjate querer (estudio de diseño de tapetes), Ana Paula Alatriste y Rocío Cortés”. Con el textil incluido en la exposición “se vuelve a esta tradición mexicana de tapiz que teníamos en los años 60 y se ha perdido muchísimo”.

Según Gustavo Prado, curador especializado en fotografía, diseño y moda, también becario de la primera generación en medios alternativos, “en 2018 los conceptualismos están un poco a la caída después de 30 años de estar como el único lenguaje en México”. Apuntó lo “bueno y grato” que resulta “ver un trabajo juvenil, fresco, positivo, optimista y rebelde”. Ya que el Fonca está abierto a las nuevas propuestas hizo votos para celebrar en el futuro “cuando haya becas a la producción en YouTube”.

Una parte de Creación en Movimiento 2015/2016 ya se había mostrado en el Museo de la Ciudad de Querétaro y en la Universidad de las Américas en Puebla. Ahora la totalidad de la exposición se ofrece en el Foto Museo Cuatro Caminos. Guadalupe Lara, directora del recinto, hizo votos para que éste reciba la muestra cada año.

Explicó: “Desde que el museo abrió hace dos años siempre ha buscado ser un espacio en el que se presentan las propuestas más innovadoras en torno a la creación del arte porque el 80 por ciento de nuestro público son jóvenes de 14 a 29 años”. Lara agregó que la exposición complementa una idea del recinto de llevar a cabo una feria de arte joven en la que los artistas podrán vender su obra directamente sin intermediarios.

Creación en Movimiento 2015/2016 permanecerá hasta el 11 de marzo. El Foto Museo Cuatro Caminos se ubica en Ingenieros Militares 77, Lomas de Sotelo, Naucalpan.


jueves, 22 de febrero de 2018

El Sr. Verde



Hay ficciones en que un personaje de carne y hueso descubre un mundo inverosímil, sin embargo en La merienda del señor Verde varios seres fantásticos se deslumbran con el mundo real. Éste fue el ambiente recreado en el Museo Nacional de Arte (Munal) para dar pie a la primera exposición para niños del recinto.

La muestra homónima del libro publicado en 2007 por el ilustrador español Javier Sáez, fue en colaboración con la pasada Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (Filij), en donde los originales del volumen se iban a exhibir –España fue el país invitado de honor-- . Sin embargo, la exposición se canceló a raíz del temblor del pasado 19 de septiembre. Gracias a que Sáez había sido invitado a participar en el cierre del proyecto Con palabras el pasado 26 de noviembre en el Munal, se pudo conectar la muestra ampliada.

La merienda del señor Verde, expresó Sáez, premio nacional de Ilustración 2016 en España, es “una bienvenida, un viaje desde un mundo monocromo, ciertamente solitario donde vive un señor Verde, al mundo multicolor que es el en que vivimos, aunque a veces se nos olvida”. Para el autor la exhibición combinaba tres aspectos: el de los niños, del arte y de la literatura como experiencia estética.

El recorrido de esta instalación, o performance -en fechas programadas se contó con el cuentacuentos Gerardo Méndez en el papel del señor Verde-- empezó por la habitación del protagonista. Un semáforo accionado por el personaje daba “luz verde” a los visitantes para que pasaran a la siguiente sala en que con base en una serie de cuadros –inspirados en la obra de René Magritte-- pintados por Sáez para ilustrar el libro, se contaba la historia de cómo el anfitrión invita a los señores Amarillo, Púrpura, Azul, Pardo y Negro a su casa para abrir una puerta misteriosa descubierta al hacer la limpieza.

Un tercer espacio era el equivalente al mundo del color que descubrían los invitados. Allí se encontraba una selección de 40 títulos en torno al color facilitados por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España. Los niños también contaban con el apoyo de talleristas para realizar actividades como escribirle postales al señor Verde que se depositaban en un buzón --”nada de mandarle un WhatsApp”, apuntó en su momento el escritor-- . Son detalles que hacen que el niño se sienta en “otra época”, además de un mundo maravilloso.

Sáez señaló que el argumento principal del libro no era un conflicto o una pelea, sino una acción de abrir puertas. Todos los colores empleados tienen un significado. Nunca dudó en utilizar el verde para su personaje central ya que éste, al no ser un color primario, sino “mestizo”, simboliza hospitalidad, además de esperanza.

También curador de la exposición, Sáez dijo que por medio de ella los niños “se convertían en espectadores de lo que significa un museo”. La muestra proporcionaba “la experiencia de contemplar. Aquí hay otro concepto temporal. Los niños quieren tomarse ese tiempo para mirar”.

Hace algunos años el libro se expuso en Querétaro, luego viajó a Monterrey. Los cuadros estaban en México y Sáez pensaba llevarlos a España cuando salió la coyuntura de la exhibición. En una vitrina de la sala principal también se mostraban bocetos del proceso de trabajo del libro.

Los cuadros pintados por Sáez se complementaron con otros hechos ex profeso por cinco integrantes de la Asociación Mexicana de Ilustradores y tres personas más, para la habitación del señor Verde. A nombre de la agrupación Yadira Martínez indicó que para lograr los sueños y los grandes proyectos hay que trabajar en equipo. Consideró que en este momento en particular “es imprescindible tener una actividad de este tipo porque no sólo es necesario que los adultos nos reconstruimos, también los niños”.

martes, 13 de febrero de 2018

La semana del arte en México II





La decimoquinta edición de la feria Zona Maco de arte contemporáneo, celebrada del 7 al 11 de febrero, rompió su propio récord de asistencia al recibir a más de 62 mil visitantes, por lo menos dos mil más que en 2017. Eso lo convierte en un atractivo muy esperado por parte del público en general, no sólo el especializado en cuestiones artísticas. 
 

Aparte de recorrer los locales de los 170 expositores, representantes de 27 países de América, Europa y Asia, los visitantes pudieron asistir a múltiples conferencias con más de 50 invitados internacionales, conocer la sección de editoriales y publicaciones, además del área reservado para Zona Maco Diseño, ahora en su octavo año, y ser testigo de la entrega de varios premios. 
 

Damián Ortega, de la galería Kurimanzutto, recibió el premio de adquisición Artz Pedregal, destinado a esculturas y/o instalaciones de gran escala, por la obra Torch Lamp. El Premio Tequila 1800 Colección, también de adquisición, fue para las obras Sexo, guerra y Bertolt Brecht, de Minerva Cuevas, exhibida por la Kurimanzutto; Mobil Bleu Translucide, de Julio Le Parc, presentada por la RGR+ART; Breve relación del Pánuco, de la serie Mollera y Cabeza mediana, ambas de Noé Martínez, exhibida por Parque Galería, y Serie de dibujos sobre papel vegetal, de Mathías Goeritz, presentada por Galería La Caja Negra. Mientras que las tres primeras son galerías de CDMX, la cuarta es madrileña.


El premio de adquisición JSA Arquitectura, destinado a artistas emergentes menores de 40 años representados por galerías presentes en la feria, fue para las piezas Isabel, Ámbar y Claudia, de la serie Espacio de fe, de Osvaldo González de Galería Servando, de La Habana, Cuba, y A Labyrinth of a straight line, de Troika, presentada por la Galería OMR de CDMX.


La oferta de obra artística fue grande, variada y de alto nivel. Llamó la atención de más de uno que hubiera tanta pintura y escultura de Fernando Botero, como si México y sus coleccionistas fueran un buen mercado para la producción del colombiano. Tal vez lo sean.


Dio mucho gusto ver obra de la escultora Helen Escobedo (1934-2010). La pieza más llamativa fue El bici vocho (2001), un prototipo de transporte público, con sus máscaras de oxígeno, botequín de primeros auxilios, tanque de oxígeno portátil, bandera mexicana, bicicleta y periscopio. Incluye el letrero: El “chofe” ¡no tiene la llave!


Exhibida en el local de PROYECTOSMONCLOVA, Sandra Cerisola, que ahora trabaja con la galería, recordó que ella maneja el estate de doña Helen. Expresó su interés para que la artista, cuya obra quedó un poco fuera de la vista del público tras su fallecimiento –la Galería Metropolitana montó una exposición a finales de 2016-- , “ocupe el lugar que le corresponda en la historia del arte”. También se exhibieron un par de dibujos del mismo proyecto. 
 

Mayra Nakatani, de la Galería Alfredo Ginocchio, habló con gran entusiasmo de la obra del escultor costarricense Jorge Jiménez Deredia (Ciudad de Heredia, 1954), radicado en Italia, el mismo que a finales de 2015 expuso obra monumental en un corredor que iba desde el Palacio de Bellas Artes hasta el Monumento de la Revolución. 
 

La galería se llenó de bronces y mármoles de la autoría de Jiménez Deredia, que suelen mostrar figuras humanas enrolladas que emergen de, o abrazan, formas redondas. Cuatro toneladas y media, para ser exacto, de obra. Nakatani apuntó que el escultor trabaja en Pietra Santa con el mismo fundidor que Fernando Botero y Anthony Gromley. 
 
Las esculturas del español Manolo Valdés (Valencia, 1942),exhibidas en la Galería Freites, trajeron reminiscencias de la exposición que alguna vez tuvo en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo. El día inaugural la Galería Karma, de Nueva York, regaló esquites preparados por un experto local. 
 

Entre las piezas más bellas estaban las Flower bed, o camas de flores, del chino Zhuang Hong Yi (1962), exhibidas por la galería Smith Davidson. Las realiza con papel arroz y tinta sobre lienzo, y tienen la habilidad de aparentar cambiar de color.