domingo, 28 de julio de 2019

Eniac Martínez, de Tánger a Calais




La siguiente entrevista inédita fue realizada con Eniac Martínez en enero de 2018 con motivo de la aparición del pequeño libro Tánger a Calaís: 2017, publicado por el fotógrafo con recursos propios, con el objeto de vivir un proceso de duelo.


El fotógrafo Eniac Martínez Ulloa (CDMX, 1959-2019) tuvo el infortunio de perder sus padres en 2017, primero su madre y luego su progenitor el 15 de octubre. Caminar siempre ha sido su manera de somatizar lo que le pasa. En esta ocasión sus caminatas lo llevaron de Tánger a Calais ya que en ese intervalo había sido contratado para trabajar en la película alemana Caravan, que tuvo locaciones en tres países.

Autor de libros temáticos como Mixtecos, Litorales, Camino Real Tierra Adentro y Ríos, Martínez Ulloa optó por vivir su duelo por medio de las imágenes que ahora ha recogido en el pequeño tomo que tituló precisamente Tánger a Calais: 2017, ya que a lo largo de los dos meses y medio que duró el trabajo recorrió tres mil kilómetros y cerca de 30 ciudades. Éste, sin duda es el libro más personal que ha hecho, además el primero con imágenes tomadas fuera de México y con un teléfono celular. Para Martínez que ha trabajado con una amplia gama de formatos, éste obedece al tipo de proyecto.



Foto de José Antonio López, tomada el 18 de julio de 2019



Las fotos de Tánger a Calais no tienen nada que ver con el filme, además el “telefonito” le dio mucha libertad. Entrevistado, Martínez Ulloa recuerda que el duelo es una cuestión interna, “algo que llevas y poco a poco analizas de diferentes maneras”. En el breve texto que escribió para la edición de 33 fotos a color dice: “Soy fotógrafo y traduzco mis sentimientos en imágenes, esta es mi manera de comunicar, esto es lo que ahora soy”.

Para él el viaje es una forma de vivir y relacionarse. “Todos mis libros tienen que ver con el movimiento del ser humano. No me puedo quedar quieto aunque no sé cuánto me dure esta pilita. Voy a seguir fotografiando y contando historias hasta que me aburro”. Martínez Ulloa ha cambiado tres veces de profesión: primero fue músico –tocaba guitarra de ocho cuerdas-- , luego pintor –estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas-- y ahora, fotógrafo.



Foto de José Antonio López, tomada el 18 de julio de 2019



Las de Tánger a Calais son fotos que no buscan “gustar”: “Si lo que hice tiene un eco en equis número de personas es suficiente, de otra manera no te concentras en lo que tienes que hacer que es contar una historia. La mejor manera de comunicar es decir ‘ésta es mi visión de este momento’. No quiero trascender en lo más mínimo con esto”.

El libro está lleno de simbolismos y detalles que sólo tienen significado para el autor y no siente la necesidad de explicar. Por ejemplo, son 33 fotos porque a esa edad tuvo su primera hija. Luego, la imagen de la portada, una parvada en pleno vuelo e iluminada por el amanecer, se relaciona con el hecho que a su padre (el diplomático Gonzalo Martínez Corbalá) le gustaban los pájaros.

Las imágenes fueron tomadas durante sus caminatas, también en un intento de descifrar el lugar en que se encontraba. Pero, sobre todo tienen que ver con una especie de reflexión interna de lo que vivía en este momento. “No son fotos sombrías. La muerte de hace más presente a las personas. Para mi la fotografía tiene que ver con traducir un sentimiento, un estado de ánimo, una forma de vivir”. Reconoce que hay mucha melancolía en el libro, sin embargo “no es una cosa lastimera que digas es para ponerte a chillar. Sino decir está la forma en que viví un proceso determinado y sobre todo un viaje”.

Para Martínez Ulloa los temas son de relevancia. Reitera que la fotografía le representa contar historias y abordar asuntos que muchas veces a las personas no les gusta ver como su actual proyecto sobre la basura. “No soy un fotoperiodista aunque tenga un pasado como tal. Tampoco soy un fotógrafo artístico. Estoy a la mitad”, posición que lo deja afuera de las categorías.




domingo, 21 de julio de 2019

"Portadores de sentido", en el Museo Amparo




Portadores de sentido, exposición de arte contemporáneo de la colección particular Patricia Phelps de Cisneros, montada en el Museo Amparo, en Puebla, es representativa de la diversidad de pensamiento que existe en América Latina. Las más de 100 obras expuestas –de la autoría de 70 artistas, de 16 países-- , adquiridas entre 1990 y 2015, reflejan no tanto las “estrellas” del mundo artístico, sino se trata más bien de “una mirada de piso”, que se ocupa de lo que ocurre de manera “más terrenal”, expresa Sofía Hernández Chong Cuy (Mexicali, 1975). Muchos de los expositores tal vez sólo se conocen dentro de su país de origen y aun no cuentan con un libro.

La curadora trabajó siete años con la colección Cisneros, tiempo en que se enfocó a hacer investigación de campo que la llevó a viajar por América Latina y el Caribe, a los talleres de muchos artistas, ver exposiciones, visitar galerías, ferias y bienales. La idea era hacer adquisiciones “más informadas”.



El bosque: mentiras (III versión), 2004, Jorge Pineda (República Dominicana, 1961)



Entre 1990 y 2015, en toda América Latina, hay una gran reflexión sobre las mejores maneras en que se puede conectar el continente y los países. Portadores de sentido inicia su recorrido con el cuadro Mamá Kalunga (1992) del cubano José Bedia, asociado a la religión y la cultura afrocubana, algo que pocos exploran en los canales de la corriente dominante.

La obra, que hace referencia a las embarcaciones de esclavos que viajaban entre África y Cuba, fue seleccionada porque introduce “algunos de los conceptos y las herramientas que desde los años 90 del siglo pasado se utilizan y de alguna manera definen la práctica artística contemporánea”, explica la exdirectora del Museo Tamayo y actual responsable del Centro Contemporáneo de Arte Witte de With, en Rotterdam, Holanda.



Mamá Kalunga (1992), de José Bedia, en primer plano.



Muchas de las obras, continúa la entrevistada, se han desarrollado a partir de una investigación profunda de un entorno, de una historia o narrativa específica. Eso fue una pauta para pensar en las demás obras de la colección y de que se podía posicionar o avanzar con la idea de que el artista es un intelectual –no nada más en ésta sino en todas las colecciones Phelps de Cisneros- y el hilo que las une es, no sólo una región, sino el hecho que sea respetado el artista como productor intelectual”.

Para Hernández Chong Cuy la investigación de campo permite entender cómo se forman las comunidades artísticas como grupos de pensamiento en el sentido de que crean un lenguaje y se desarrolla un intercambio entre ellos. Muchos de estos artistas tienen sus propios espacios de exposición y realizan sus propias gestiones.



Aspecto de sala.



La investigación de campo se hace, en parte, para entender “por qué los artistas pintan, por qué no hacen video instalaciones. Ellos dirán porque aquí no hay instituciones que comisionan instalaciones y ‘no voy a comprar algo y luego tirarlo porque dónde lo guardo’. Además, cada país tiene su tradición plástica. Muchas de las razones por las que los artistas no entran a un discurso, digamos, de lo contemporáneo es porque no se sujetan a esas plasticidades. Nadie entiende a los argentinos que se lo pasan pintando porque allá hay una tradición que no tuvo un mercado del neo conceptualismo como lo conocemos en México”.

Portadores de sentido se compone de cuatro núcleos temáticos: Teorías y métodos de la etnografía, Geografía y territorio, El entorno urbano y El impacto social de los medios de comunicación masiva. En lo que refiere a “otro tipo de conocimiento”, la mexicana Laura Anderson Barbata aborda el tema del conocimiento indígena ya que ha tenido una relación “bastante amplia, por muchos años, con distintas comunidades nativas en la amazonia”. El dominicano Jorge Pineda habla de los retos de la violencia doméstica existentes en ese país. Amalia Pica reflexiona sobre los años de la dictadura en Argentina.



Aspecto de sala.





En el contexto de la exposición la Colección Cisneros ha donado al Museo Amparo dos obras de Tania Pérez Córdova.(Ciudad de México, 1979), quien trabaja con objetos.

Portadores de sentido permaneció hasta el 22 de julio en el Museo Amparo, 2 Sur 708, Centro Histórico, Puebla.





lunes, 1 de julio de 2019

Perla Krauze reúne lo disperso






Las palabras memoria/tiempo y naturaleza son claves en el trabajo actual de la artista plástico Perla Krauze (Ciudad de México, 1953). En Sparsa Colligo, reúno lo disperso su más reciente exposición en la Galería Le Laboratoire, la escultora y pintora trata de cuidar y preservar la naturaleza por medio de obras como un trío de pencas de maguey que son replicas de una original que encontró ya seca, en Tecali, Puebla, y pidió que se la regalaran. Lo reprodujo, uno, en un molde de resina con cemento, otro es resina con polvo de carbón y uno tercero es aluminio a la cera perdida.

Entrevistada, Krauze afirma que hasta cierto punto hay un mensaje allí, no muy atento, ni obvio, de cuidado de la naturaleza porque sí estoy inquieta y preocupada por todo esto. Entonces, cómo hacer que esta naturaleza se vuelva permanente hasta cierto punto”.







Para Krauze la piedra ha sido un tema relevante en su obra, además habla de la memoria. “Es un material en que el tiempo transcurre de manera diferente. El barro que utilizo muchas veces es frágil, efímero, la resina translúcida, el plomo es tóxico, a la vez que dúctil y maleable. Cada material habla diferente del sitio y de cualidades distintas”.

Últimamente ha hecho litografías que hablan de la memoria de la piedra calcárea empleada. “Estuve en Montreal el año pasado, encontré varios trozos de piedra litográfica que intervine. Fue muy rico trabajar con dibujo, improntas, los trozos de piedra completos. No hacer una litografía en un pedacito, sino usar todos los trozos que se refieren a algo que se rompió y cómo recupero los residuos”, apunta. Si la litografía es una técnica que no se usa mucho hoy, para Krauze resulta “fantástica”, además se encariñó con ella. Entonces, hay que recuperarla porque aun tiene mucho que dar.

Detalla: “He estado trabajando en diferentes materiales, tanto en pintura como en escultura, y su hibridación. Cómo las dos dimensiones llegan a unirse entre sí. Traer materiales del mundo de la escultura a lo pictórico. Dos de las esculturas de la exposición están trabajadas con la cera que cae, como si fuera como pinto, que cae el material pictórica con la brocha”.

Actualmente, Krauze trabaja en unas piezas en barro negro y en cantera de Oaxaca. También tiene la propuesta de un proyecto con piedra volcánica ---material que tanto quiere-- del Pedregal. “Todo esto está en proceso. No hay nada en concreto excepto una pequeña instalación para un lugar llamado The Chimney (La chimenea) en Brooklyn, Nueva York, el próximo 6 de septiembre”.

El proyecto de piedra volcánica está pensado para el Museo Universitario de Ciencias y Arte, sede Ciudad Universitaria, aunque de hacerlo de aquí a mínimo dos años la artista necesitaría de un apoyo económico. Es un material que a la entrevistada le parece “muy mexicano y entrañable para mi, no sólo porque viví unos años en el Pedregal cuando tenía cuatro años, no había nada y caminaba entre las rocas, sino también porque es un material con el que se han hecho las esculturas prehispánicas, los molcajetes, todo, entonces, le tengo un aprecio especial”.

También participa en la exposición colectiva El jardín de Galileo en un edificio vacío en Galileo 92, en Polanco.

La exposición Sparsa colligo, reuno lo dispero, permanecerá hasta el 29 de junio en la Galería Le Laboratoire, Vicente Suárez 69, interior 2, colonia Condesa.



domingo, 23 de junio de 2019

Leticia Tarragó en el Salón de la Plástica Mexicana





Merry MacMasters. En el Salón de la Plástica Mexicana (SPM) fueron inauguradas tres exposiciones cuya temática gira en torno al realismo mágico y lo fantástico en el marco de la celebración del Día Mundial del Arte, que se efectúa cada 15 de abril.

Del realismo mágico al arte fantástico, muestra de 38 de pintura y grabado de Leticia Tarragó (Orizaba, Veracruz, 1940), marca el regreso de la artista al Salón de la Plástica, en donde tuvo su primera exposición individual cuando éste se encontraba en la calle de Havre, y en 1963 recibió el premio de Nuevos Valores de la SPM por un grabado grande en metal sobre un poema de Federico García Lorca.








Contrario a las costumbres de la época fue la madre de Tarragó que impulsó a sus hijos a dedicarse al arte. De allí que la familia se mudó a la Ciudad de México cuando la niña tenía 11 años. Entrevistada, Tarragó habló de su experiencia como alumna y ayudante de Gerardo Murillo “Dr. Atl”: “Mi mamá era muy atrevida y le gustaba visitar a los pintores para platicar con ellos. Cuando tenía 15 años me llevó con el Dr. Atl, a quien le caí muy bien. Dijo, 'vente a pintar acá conmigo'. En realidad aprendía más al verlo pintar. Tenía una conversación y sentido de humor increíbles, enseñaba mucho por medio de las palabras”.

El gran paisajista, de hecho le enseñó dos técnicas: el dibujo tonal, que utilizó para dibujar el crecimiento del volcán Paricutín, así como pinturas para hacer encáustica. La jovencita también lo acompañaba al Ajusco o al Popocatépetl porque “le gustaba pintar en las alturas ya que sus cuadros son unas panorámicas enormes”.



Se abre el telón, óleo




La relación con el Dr. Atl duró como tres años. Tarragó, incluso, conserva cartas de su maestro porque en 1958 ganó el primer premio de cartel de la aerolínea KLM, que consistió en un viaje a Holanda. Luego, sus padres le mandaron dinero para irse a Italia a “conocer la obra de los grandes pintores. Le escribía al doctor y me contestaba”. Posteriormente, Tarragó ingresó a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, donde tuvo otros maestros como Feliciano Peña, Fernando Castro Pacheco, hasta Juan Soriano.



Tránsito, óleo




Respecto a su obra que evoca el ambiente de Orizaba, con su neblina: “Es un lugar para meditar, que se presta mucho para interiorizarse uno. Eso se me quedó de niña y decidí utilizarlo en mi obra”. Agrega: “Siempre busco y encuentro, de eso se trata, entonces mis cambios están más bien en la técnica o el color. No tengo muchos cambios porque soy muy lineal. Todo lo que hago sigue una línea, no me gusta hacer cambios bruscos”.




Guillermo Gadda




Transfiguración del ensueño, muestra que comprende 10 obras polimórficas de Guillermo Gadda (Xalapa, Veracruz, 1945), conmemora su muerte en 2009. Jorge Gadda, hermano del homenajeado, explicó que se trata de tableros desplegables, pintados de manera figurativa, que cuelgan sobre la pared. Con esos “polimorfismos” ingresó precisamente al SPM. También fue premiado en la Bienal Rufino Tamayo.



Guillermo Gadda




La tercera exhibición, De lo real a lo imaginario, es una colectiva que de alguna forma es un tributo a varios pintores ya fallecidos, entre ellos, Adriano Silva, Ignacio Ortiz, Ángel Boliver y José García Narezo.


miércoles, 22 de mayo de 2019

Las máquinas de Leonardo Da Vinci en Cuernavaca




En el marco de las conmemoraciones mundiales por el 500 aniversario luctuoso de Leonardo Da Vinci (celebrado el pasado 2 de mayo), se inicia una gira internacional el 24 de mayo en la ciudad de Cuernavaca de El universo de Leonardo Da Vinci, exposición de 30 de las legendarias máquinas y aparatos que concibió el artista e inventor italiano.


Es una iniciativa privada de la Fundación Echazarreta, con sede en Mérida, Yucatán, que ha invertido “millones de euros, sin contar seguros y fianzas” en adquirir la muestra del Museo Leonardo Da Vinci, en Florencia, operado por la familia Nicolai. Las máquinas y los aparatos fueron creados con base en bocetos y proyectos que Da Vinci desarrolló a lo largo de su prolífica vida creativa. Pertenecen a la familia Niccolai desde hace más de un siglo, están certificados y tienen el aval del Ministerio de Cultura italiano, así como de la Comunidad Europea. Sólo han salido de Florencia en tres ocasiones.


Para la exhibición se ha dispuesto la construcción de un edificio temporal procedente de Alemana, de 4 mil metros cuadrados, en el campo militar del 24 zona en Cuernavaca. Dentro de las actividades que realiza la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) están “las culturales de manera permanente”, expresó en rueda de prensa el teniente coronel Alejandro Félix Barretero. Es la primera vez que una exposición de esta magnitud ingresa al campo militar del 24 zona en Cuernavaca, indicó el representante de la Sedena, institución que está abierta a “las necesidades que tenga la población civil”.


Rafael Echazarreta, presidente del consejo de la Fundación Echazarreta, aseguró que se trata de “la muestra más grande de Da Vinci del mundo”, ya que se cuenta con 3 mil 500 metros cuadrados de exposición, 26 toneladas de escenografía, 15 toneladas de equipo multimedia y más de mil 200 metros cuadrados de pantallas led y proyecciones 4k y HD. Así se convierte en “la punta de lanza para hacer nuevas exposiciones en México que integran la cultura con la tecnología”.


El eje de la exhibición son los cuatro elementos: la Tierra (la bicicleta, el vehículo autopropulsado, la grúa, el puente plegable); el Agua (el traje de buzo, el tornillo de Arquímedes y los flotadores de agua); el Aire (la máquina voladora, el helicóptero, los planeadores y el paracaídas), y el Fuego (el vehículo blindado, la catapulta, la metralleta multi-barril, el cañón desmontable, entre otras). Cada elemento está ambientado.


Ya que es una exposición “totalmente sensorial”, a través de un túnel del tiempo el visitante llegará a la ciudad de Florencia del siglo XV. El recorrido dura de 95 a 100 minutos. Luego hay una proyección de 15 minutos de los inventos de Da Vinci en el futuro, el espacio, la robótica, las ciudades submarinas, los trenes rápidos electrónicos, de tecnología y energía verde. También habrá un espacio interactivo para niños. El costo de entrada es de 100 pesos.


Después de su estancia en Cuernavaca la exhibición viajará a la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Mérida, aunque otras siete sedes la han pedido. La itinerancia de El universo de Leonardo Da Vinci es de cinco años. Inicia en México y termina en Quatar el 30 de enero de 2023. Sin embargo, “tenemos un reto con la familia Niccolai. Si logramos los estándares de calidad y audiencia nos la van a extender tres años más. En ese caso continuaría el 23 de junio de 2023 en el sur de Estados Unidos”, apuntó Echazarreta quien refrendó que ésta es una empresa 100 por ciento mexicana y privada.


También presentes en la rueda de prensa estuvieron Vincenzo Muscolo, presidente de la sociedad de cultura italiana Dante Alighieri en Mérida; Bernardo Aguilar Calvo, director general para Europa de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y David Jacinto, subsecretario de Turismo del Estado de Morelos.














domingo, 12 de mayo de 2019

El Museo de Dallas, comprometido con el arte latinoamericano




El Museo de Arte de Dallas (DMA, por sus siglas en inglés) ha ampliado su compromiso con el arte latinoamericano gracias a un reciente conjunto de donaciones. Estas incluyen un gran donativo para apoyar la creación de un nuevo puesto de curaduría; el establecimiento de un novel fondo destinado a la adquisición de arte latinoamericano, y la incorporación de cinco obras de artistas clave a la colección del DMA.

Respecto de éste último, se trata de Génesis, el don de la vida (cerca 1954), un tempera sobre cartón montado en panel, de Miguel Covarrubias –instalado afuera de la entrada principal al museo-- ; La vendedora de flores (1938), un pastel sobre papel, de Diego Rivera; La espada y la palabra (1944), un pastel, tiza y grafito en cartón rígido, de Roberto Matta; un fragmento de alfombra con ave bicéfala, probablemente de Perú y del siglo XVII, y la donación prometida de Maniquíes (1930), óleo de José Clemente Orozco.



Maniquíes (1930), óleo de José Clemente Orozco.



La Curaduría Jorge Baldor de Arte Latinoamericano, un puesto establecido gracias a una donación del emprendedor y líder cívico oriundo de Dallas que le da nombre,es un cargo recién creado que incluye obras de Norteamérica, el Caribe, Centroamérica y Sudamérica, desde el virreinato hasta la era moderna.

Este donativo al museo sucede al sustancial apoyo filantrópico brindado por Baldor, en 2017, a la exposición México 1900-1950, que batió récords y fue aclamada por la crítica. Durante la exhibición “vimos la llegada de visitantes que venían por primera vez al museo, inspirados por el arte que refleja los rostros, la cultura y la historia que representan a México”, expresó el benefactor. 



La vendedora de flores (1938), pastel sobre papel, de Diego Rivera.



La colección de arte latinoamericano del museo se apuntala por medio de la Fundación Stanley y Linda Marcus para la Adquisición de Arte Latinoamericano. Establecido gracias a la donación de un millón de dólares de Linda Marcus, en su nombre y el de su difunto esposo, Stanley, el nuevo fondo estriba en la historia de apoyo al museo por el matrimonio, así como su interés en particular por el arte de las Américas.

El DMA está comprometido con la excelencia en el estudio y el coleccionismo, a la vez que tiene el mismo compromiso en ofrecer a la población un lugar acogedor y emocionante para visitar, en donde los asistentes puedan identificarse y verse reflejados en nuestra programación, aprender sobre sus propias historias y compartirlas con otros”, ha dicho Agustín Arteaga, director del museo.

domingo, 5 de mayo de 2019

ARDER en el Museo del Chopo




Dar voz a las ausentes, rechazar la “naturalización” de la violencia y el acostumbrarse a la nota roja, son los ejes de ARDER, seis intervenciones radicales a la memoria, espectáculo multidisciplinario y feminista, creado especialmente para el Museo Universitario del Chopo, que rinde homenaje a mujeres desparecidas.

ARDER forma parte de un proyecto mucho más amplio llamado Archivo, una investigación en torno a la memoria, expresa Hayde Lachino, responsable de la idea original y dirección escénica. También deviene del trabajo La memoria que arde. Surgió a partir de una labor hecha por la filósofa y docente de la danza, quien durante ocho meses vio cine mexicano cuatro horas diarias en la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México. Una primera apreciación fue “la imagen de la mujer es menospreciada”. En todas las películas las mujeres “aparecen subsidiarias de las historias masculinas. Viven en función del hombre, no tienen vida propia.

El cine mexicano lo que hace es cosificar a la mujer o construir estereotipos en términos de la prostituta, la madre abnegada, la santa y virginal, y la mujer perdida. El problema es que el cine mexicano es el gran educador de la sociedad. La pregunta que nos hacemos fue qué significa, dado la violencia que vivimos las mujeres, tratar de crear una conexión entre estos positivos culturales que son los educadores de la sociedad y las consecuencias que tienen en términos de la violencia sistemática que vivimos las mujeres”.

A partir de ese planteamiento Lachino, junto con Yoatzin Balbuena, Amenic Mc Poetika y Rocío Gutiérrez, desarrolló un trabajo que conjuga escenas de cine mexicano en vivo, intervenidas por Balbuena con el objetivo de generar nuevas maneras de relacionar las imágenes. Todo el tiempo se juega con la rítmica a partir de las letras de Amenic, que es rapera. Gutiérrez se encarga de la coordinación del proyecto.

Cada una de las seis funciones que ofreció ARDER, contó con un artista invitado, con la idea de que “la pieza mute y transforme a partir de sus intervenciones”. Es un espectáculo que tiene una parte performática, otra visual, que deviene en una instalación.

Lachine agrega que a partir de 100 nombres de mujeres desaparecidas “tratamos de acudir a la memoria y nombrar a las ausentes”. Detalla: “En el país estamos en una situación de violencia generalizada, aunque las mujeres vivimos una situación extrema. Hay una diferencia radical entre cómo llegaron las feministas de otras épocas, a las de ahora. Las de hoy son chicas que llegan al feminismo producto de una exacerbación de la violencia. Son chicas que andan en la calle con gas pimienta, toman cursos de auto defensa y salen con miedo porque no saben si van a volver. Hay un feminismo que se construye desde el miedo sistemático que se vive en el cotidiano por el hecho de ser mujer”.

Para la entrevistada anunciar función a función nombres de cientos de desaparecidas es decirle al espectador aquí hay una tragedia que ocurre todos los días en este país. Y, “hay una obligación moral y ética de ser conscientes de dónde estamos parados porque el contexto de violencia también corre junto con el de naturalización de la misma”.

ARDER tuvo funciones del 25 de abril al 4 de mayo en el Museo Universitario del Chopo.