miércoles, 8 de marzo de 2023

René Freire y su pintura tridimensional

En diferentes momentos el sistema cultural mexicano ha tratado de “borrar” la historia del movimiento de Los Grupos en México, expresa el pintor René Freire (Ciudad de México, 1952), miembro fundador del Grupo Suma. El movimiento de Los Grupos fue un fenómeno surgido en los años 70 del siglo pasado, caracterizado por una efervescencia de colectivos artísticos con énfasis en la experimentación y la crítica social.
“Saltan de la generación de la Ruptura a las vanguardias de los años 80 y 90 del siglo pasado, borrándonos a nosotros, no sé por qué motivos. Pero, de que tenemos una presencia la tenemos. La Universidad Iberoamericana publicó, en 2021, Imágenes en colectivo: Grupo Suma (1976-1982), libro coordinado por Ana María Torres Arroyo.
“En el Museo Universitario Arte Contemporáneo hicieron, en 2015, una gran exposición de Proceso Pentágono, otro de los colectivos que dejaron huella. También el No-grupo, de Maris Bustamante, Melquíades Herrera, Alfredo Núñez y Rubén Valencia, tuvo presencia. Es difícil borrar la historia de los grupos”, asegura Freire.
Recuerda que en 1977, el Grupo Suma hizo “una gran muestra en el Museo de Arte Contemporáneo de Guadalajara, que incluía muchas instalaciones y expresiones vanguardistas. Había, sin embargo, una crítica muy fuerte en contra del expresidente Gustavo Díaz Ordaz, quien acababa de ser nombrado embajador de México en España. Al día siguiente de la inauguración la exposición fue desmontada. Por eso cuando me refiero a las autoridades culturales siento que nosotros éramos impresentables. Sucedían y suceden estas cosas”.
No obstante, “estamos vivos y produciendo”, acota el entrevistado quien abrió una exposición en SAQ Gallery, un espacio nuevo en la colonia Santa María la Ribera. Freire, pintura tridimensional comprende obra reciente que se caracteriza por haber dejado el soporte tradicional, entendido como el lienzo clásico, para trabajar sobre cartones, es decir, cajas de cartón. Este tipo de embalajes hace que la pintura como tal deja de tener su apariencia de siempre.
“El siglo XX nos abrió las posibilidades de muchas escuelas y tendencias, entonces veo esto como una consecuencia natural. Es como si yo fuera un pintor académico haciendo estas instalaciones”, dice Freire quien hizo estudios en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda y la Escuela Nacional de Artes Plásticas.
La galería cuenta con un nicho bajo el nivel del piso de la sala principal, que resulta atractivo para trabajar. Freire lo llenó con una gran instalación de cajas de cartón pintadas, que se observan desde arriba, a través de una cubierta transparente. De su interés actual son los “nuevos materiales”, como el papel de aluminio o las charolas de la carne. Al reciclarlos, adquieren un valor diferente.
La obra reciente es acompañada por algunos trabajos del pasado como Óleo sobre hoja de oro (2011), “significativo” en su historia personal.
La exposición Freire, pintura tridimensional se exhibió en SAQ Gallery, Díaz Mirón 128, colonia Santa María la Ribera.

jueves, 2 de febrero de 2023

Patricia Lagarde y Laura Cohen, fotógrafas en Patricia Conde Galería

Las exposiciones Sonata silente, de Patricia Lagarde, y Plantas, de Laura Cohen, exhibidas en Patricia Conde Galería, convergen en la construcción de ámbitos ficticios, oníricos, o en la referencia a ellos.
A lo largo de las más de 30 imágenes y un video de Sonata silente, Lagarde muestra una parte del trabajo que desarrolla desde hace años en pequeños escenarios como maquetas, dioramas o teatrinos, en los que construye “realidades ficticias que vienen de mundos cinematográficos, literarios, vivencias o sueños que se entremezclan”, expresa la fotógrafa en entrevista.
En la serie más extensa, Looking for Eva (Buscando a Eva), las habitaciones, todas recreadas, así como los objetos contenidos, se caracterizan por las huellas dejadas por alguna mujer que nunca es vista. Una imagen, por lo menos, es una referencia directa a una obra pictórica como es el caso de Mujer al sol, de Edward Hopper, aunque solo se ve la cama sin hacer.
Otras comprenden reproducciones de alguna pintura como la mujer de fuerte mirada del pintor primitivo flamenco Petrus Christus, o una copia del siglo XVI, de Leda y el Cisne, un cuadro desaparecido de Miguel Ángel, de alrededor de 1530. En sus escenarios Lagarde puede apropiarse de todo lo que quiere. En todos el personajes principal es la luz, anota.
Para Lagarde la suya es una manera extraña de abordar la fotografía, arte que normalmente trabaja con la realidad, que busca y registra. En cambio, “registro los sueños, la imaginación, es decir, otro plano”.
Sonata silente también comprende un autorretrato en el que una mujer pequeña (la expositora) mira una gran cabeza femenina tirada como una ruina arqueológica, “que sueña y, a su vez, me sueña”. Otra serie, Los jardines de Adonis, retoma una tradición de la Grecia antigua en la que las mujeres atenienses plantaban hierbas de crecimiento rápido que ofrecían al dios griego.
Todas las imágenes están hechas en blanco y negro: “Cómo decía Edward Weston, aprendí a ver en blanco y negro. Ya es una traducción natural la que uno hace de la vida en color”. Lagarde mezcla la foto analógica con la digital, también los tipos de cámara y los procesos.
Las 18 fotografías de Laura Cohen también están realizadas en blanco y negro. La serie Plantas se desarrolló con una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2018-2021). Hace 40 años la entrevistada realizó un proyecto en torno a los balnearios, que decidió retomar porque “cada vez que llego a un lugar con albercas viejas siento mucha emoción”. El amor que tiene por los balnearios se acompaña de dolor, porque son “lugares que ya están en el olvido”. Cohen los “salva”, pues, en sus fotos.
Desarrolló Plantas con base en un sueño que tuvo en que había “una alcatraz agarrada con una roca en el agua, que lo impedía salir. Dije, voy a desarrollar este tema en el estudio. Es como la conceptualización del dolor que siento”.
Todas las flores y plantas fotografiadas están sujetas por una piedra que restringe su movimiento, ya sea una hoja corazón, una palmita, una begonia, un aretillo o una piñanona. Para trabajar con la passifora tuvo que comprar una planta y cuidarla hasta que floreció.
Se trata de imágenes analógicas. Para Cohen el gran aporte es a nivel de las impresiones: “Todo es plata gelatina. Es una calidad que no se logra cuando se hace una impresión en digital. Brillan de otra manera. Aparte, mi oficio es de fotógrafa análoga. Me encanta el cuarto oscuro”.
Las exposiciones Sonata silente, de Patricia Lagarde, y Plantas, de Laura Cohen, fueron exhibidas en Patricia Conde Galería, Gral. Juan Cano 68, colonia San Miguel Chapultepec. Las imágenes son cortesía de Patricia Conde Galería.

domingo, 22 de enero de 2023

La pintora Beatriz Ezban interactúa con el papel espejo

Asumir el riesgo de la “experimentación radical” resulta fascinante, a la vez que se convierte en una aventura de lo más vital, afirma la pintora Beatriz Ezban (Ciudad de México, 1955), quien ha hecho precisamente eso con su producción más reciente, que parte del papel espejo. En sus collages pictóricos el reflejo y la distorsión dominan.
La artista ofrece un vistazo de su nuevo trabajo en Aquellos ecos, aquellos indicios, exposición con la que se abrió sus puertas la galería Banda Municipal, y que comparte con la artista española María García Ibáñez quien realizó una serie de piezas en cerámica y dibujo, con el objetivo de dialogar con la obra de Ezban.
“Estuve algunos años un tanto atorada con el deseo de cambiar a fin de participar en el arte contemporáneo de alguna manera”, dice en entrevista. Desde tiempo atrás Ezban ya cuestionaba el futuro de la pintura: “De qué manera puede la pintura responder a los retos de la nueva realidad que vivimos. Una realidad post todo. La cibernética realmente cambió todo porque estamos sujetos a un bombardeo de no sé cuantas imágenes por segundo que se producen en todo el mundo. Muchas de las cuales son impactantes, cambian la lectura de la imagen y a lo mejor también de nosotros. Todo esto altera nuestra identidad. Últimamente, he leído a Zygmunt Bauman sobre su concepto de modernidad líquida”.
El descubrimiento del papel espejo le dio la pauta para expresar la idea de fluidez. Al atar cabos Ezban se dio cuenta que desde sus primeras exposiciones, en los años 80 del siglo pasado, “ya andaba prendida de algo que tenía que ver con el brillo y el reflejo”. Hallar el papel espejo, sin embargo, le permitió dar “un salto tremendo en cuanto a experimentación porque de repente era explorar el concepto mismo de pintura, que no es este asunto de untar o embarrar un lienzo. Aquí se ve toda mi formación de pintora, porque pinto con otros materiales. Esto cambia el concepto mismo de lo que es pintura porque el reflejo se vuelve parte de la obra y cambia con el movimiento micro milimétrico del espectador. La fluidez de la pieza conlleva la pregunta quiénes somos a fin de cuentas”.
Lo más sorprendente es que aquí no hay pintura: “O, mejor dicho, estoy tratando de transformar, ampliar, enriquecer la definición misma de lo que es pintura. Que sepamos qué se puede ‘pintar’ con otros materiales no convencionales. Expandir el concepto de lo pictórico”.
Ezban pudo realizar el proyecto gracias a una beca del Sistema Nacional de Creadores. Reconoce, sin embargo, que su propuesta fue rechazada varias veces porque le decían “no es pintura lo que mandas”. De hecho, “cuando lo envié no tenía la menor idea de cómo lo iba a resolver. Fue algo muy emocionante porque sentí por primera vez en mi vida una experimentación de lo más radical. Era como inventar de cero un lenguaje en el que no tienes una guía que te va diciendo por dónde. Eso fue fascinante como aventura creativa.
“Para mi el arte es eso: una exploración de tu propio ser, tu imaginación, tu libertad. Este reto de ir más allá de tus mismos límites, a la vez de ser algo que te conmueva y te sorprenda en primera instancia”.
Ezban seguirá experimentando con la presente serie, sin embargo, regresará a pintar con la curiosidad de ver “para dónde va después del paso por esta aventura”.
La exposición Aquellos ecos, aquellos indicios comprende seis collages pictóricos y cuatro pinturas al óleo de Ezban, además de las piezas cerámicas y dibujos de María García Ibáñez. Fue exhibida en la galería Banda Municipal, Alfonso Reyes 58, colonia Hipódromo Condesa.

lunes, 16 de enero de 2023

María José Lavín sueña a la carta

Juguetones cuerpos femeninos y almohadas levitan en la Galería 526, convertida en una especie de gineceo, como parte de la escultura-instalación Sueños a la carta y exposición del mismo nombre, de la artista María José Lavín (Ciudad de México, 1957). Su calidad vaporosa se debe a que fueron creados en el aire que los rodea.
Para la beca que obtuvo del Sistema Nacional de Creadores de Arte 2017, Lavín propuso “indagar en los sueños de otros y reflexionar sobre la ausencia-presencia a través de las sombras que los cuerpos soñantes proyectan”. La idea le nació al leer la novela corta La casa de las bellas durmientes, del japonés Yasunari Kawabata. A fin de captar la atmósfera del libro, Lavín comenzó con una serie de mujeres realizada en porcelana, de un milímetro de grosor.
Siempre a la búsqueda de nuevos materiales, así como investigar qué se puede hacer con ellos, Lavín creó sus siguientes figuras con una pluma 3D, herramienta que vio anunciado en Internet, y permite dibujar en el aire. En la parte superior de la pluma se insertan hilos sólidos de plástico, que son derretidos. Se calienta conectado a un enchufe. Al apretar un botón, el material sale por la punta para solidificarse de inmediato.
Ésta era una técnica nueva para Lavín y había que dominarla. Lo que hizo fue dibujar la figura, con un plumón grueso, sobre un papel colocado encima de una mesa. Luego, seguir el contorno con la pluma en caliente, operación que repetía varias veces para que la línea se solidificara y se volviera resistente. En cuanto estuviera la figura delineada, apachurraba la pluma y salía una línea, que de inmediato se enfriaba, proceso que repetía una y otra vez.
“Tuve que aprender que la técnica no me ganara. Al principio me costó mucho trabajo porque no encontraba cómo hacer que las figuras tuvieran resistencia. Decidí hacer algo con gajos, como si fueran los músculos, para que hubiera mucha división del peso general de la mujer”, expresa en entrevista.
Lavín siempre pensó sus figuras colgadas para que el visitante caminara entre ellas como si fuera un voyeurista. Para la instalación Sueños a la carta empleó un filamento color gris con polvo de aluminio. En instalaciones posteriores como Tregua de sueño utilizó uno blanco, mientras que para La pequeña muerte y Abrazar las sombras, uno negro.
No sólo realizó almohadas con la pluma 3D, sino también en resina con polvo de mármol, o de recinto, luego, resina cristal y bronce a la cera perdida. Muchas de estas almohadas tienen la particularidad de conservar en su superficie la huella de la cabeza del durmiente que, a lo mejor, ya no despertó del sueño o la pesadilla. Son la memoria de lo que ya no está.
A lo largo de la exposición, que se caracteriza por el empleo de una amplia gama de materiales, incluida la pintura, Lavín juega con “lo duro y lo blando”. La escultura blanda en felpa, Venus metáfora de vuelo, fue realizada en el taller del Centro de las Artes de San Agustín Etla, en Oaxaca. La última pieza que hizo para la muestra fue Origen, una escultura roja de resina pigmentada y pulida.
El trabajo de Lavín con la pluma 3D concluyó: “Todos cambiamos según lo que pasa a nuestro alrededor y no me gusta repetirme. El material que más me gusta es la cerámica”. En toda la exhibición se percibe una fragilidad que, para la entrevistada, es “muy femenina”. Hace votos para “elevarnos y estar en esta levedad, ese erotismo, en vez de las violencias espantosas contra las mujeres”.
La exposición Sueños a la carta, de María José Lavín, se montó en la Galería 526, del Seminario de Cultura Mexicana, Presidente Masaryk 526, Polanco. Fotografías de Bernardo Arcos. Cortesía de María José Lavin.

domingo, 8 de enero de 2023

Roberto Gil Montes y su estilo naif.

El pintor Roberto Gil de Montes (Guadalajara, 1950), relacionado con el movimiento de arte chicano en los años 70 del siglo pasado, es más conocido en Estados Unidos que en su país natal. Acaba de realizar su primera exposición individual en México, Temporada de lluvias, en la Galería Kurimanzutto. La serie de óleos fue pintada en su lugar de residencia desde hace 15 años, el pueblo de pescadores La Peñita de Jaltemba, Nayarit. De allí el título de la muestra debido a la evocación del agua en muchos de los cuadros.
Gil de Montes cultiva un estilo naif y popular, folksy, como él dice, algo que sorprende porque estudió la licenciatura y maestría en el prestigiado Instituto de Arte Otis (ahora, Otis College of Art and Design), en Los Ángeles, California. Preguntado al respecto, expresa: “Escojo pintar como pinto. Sin embargo, más que esto pienso que no tengo la habilidad técnica para pintarlo lo que quiero. Allí es donde veo que muchas veces los artistas tampoco tienen técnica. Sé mezclar la pintura, los colores. Entiendo ciertas formas de dibujo que trato de realizar. Sin embargo, pienso tal vez lo que me salva en todo esto es que no tengo la técnica. No es que escojo, sino así soy”.
A los 13 años el entrevistado se fue a vivir a Los Ángeles donde ya se encontraban sus padres. Nunca se desligó de México y regresaba cada período vacacional. Al salir de la escuela fue cofundador, en 1978, del espacio alternativo de arte, Los Angeles Contemporary Exhibitions, que se dedica “al arte de nuestros tiempo enfocado en la libertad de expresión, la experimentación con ideas, materiales y nuevas formas, así como un contenido desafíante y comprometido en lo social”.
En 1979, Gil de Montes se trasladó a la Ciudad de México invitado por la revista Artes de México, dirigida por Carla Stellweg, ya que la entonces publicación del Museo de Arte Moderno pretendía hacer una edición sobre los artistas chicanos angelinos. Gil de Montes tenía a su cargo la investigación. De regreso nuevamente a Los Ángeles, se dedicó a la pintura.
Gran conocedor de la pintura mexicana, el entrevistado se siente parte de su tradición: “Parezco mucho a los artistas mexicanos porque son mis ídolos, por ejemplo, Manuel Rodríguez Lozano”. También admira a “clásicos”, como Cézanne y Matisse. Reconoce que tiene rasgos “gauguinescos”, aunque no buscados. “Si pinto en la jungla, entonces la obra se parece a Gauguin”, explica.
Su obra está llena de simbolismo: “Propongo ciertas cosas como, ¿qué hacemos con nuestras comunidades indígenas en México? Mi cuadro en el que se ven unos danzantes con el tocado de venado en el mar es como decir: míranos. Un amigo huichol tiene una licenciatura en turismo, sin embargo tiene que vender chaquira en la playa. Todo esto se me queda, y se filtra en mi trabajo”.
Gil de Montes se reprocha ser como “Disneylandia”: “Tengo muchos títulos: artista méxico-americano, artista chicano, artista hispano, artista queer y luego, artista seleccionado para la 59 Bienal de Arte de Venecia, entonces, surrealista. (Participó en la exposición central La leche de los sueños, con el óleo El pescador, 2020, que retoma El nacimiento de Venus, cuadro de Sandro Boticelli.) Me di cuenta que debería de aprovechar mi nueva etiqueta de surrealista porque me ayudó mucho”.
La exposición Temporada de lluvias se exhibió en la galería Kurimanzutto, gobernador Rafael Rebollar 94, colonia San Miguel Chapultepec. Las imágenes son cortesia de la galería.

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Tina Modotti en México

La fotógrafa y activista italiana Tina Modotti (Udine, 1896-Ciudad de México, 1942) vino a esta urbe por primera vez hace 100 años, hito que la Embajada de Italia en México conmemora con varias actividades. Entre ellas, está la colocación de una placa en el edificio ubicado en Veracruz 40, donde la luchadora social vivió en la colonia Condesa, y en cuya azotea el fotógrafo Edward Weston le hizo una serie de retratos al desnudo.
Luigi de Chiara, embajador de Italia en México, expresó lo anterior en la apertura de la exposición Trayectorias. Itinerarios de investigación inspirados en la obra de Tina Modotti, en el Instituto Italiano de Cultura (IIC). Entrevistado, el diplomático dijo que uno de los primeros libros que leyó al llegar aquí fue Tinísima, de Elena Poniatowska, y se dio cuenta que antes de venir con Weston, Modotti había viajado para reunirse con su entonces marido, el poeta canadiense Roubaix de L’Abrie Richey, quien murió de viruela en 1922.
De este descubrimiento nacieron varias iniciativas. Además de la colación de la placa en el emblemático inmueble, y la exposición en el IIC, Italia participó en el 50 Festival Internacional Cervantino con la muestra Tina y Diego, camaradas, en el Museo Casa Diego Rivera. Fue una colaboración entre el Museo Nacional de Arte, el IIC y el Instituto Estatal de Cultura de Guanajuato.
El embajador “descubrió la famosa casa de la azotea” gracias a la escritora Claudia Marcuchetti, autora de la novela histórica de reciente aparición, Fuego que no muere, que aborda la relación de Modotti con el político y militante comunista italiano Vittorio Vidali. De Chiara habló con el propietario del edificio quien “estuvo de acuerdo en la colocación de una placa” conmemorativa de un lugar que “tiene una suma importancia histórica y artística específica”.
Para el entrevistado, los años 20 del siglo pasado en México fueron “extraordinarios desde el punto de vista artístico y educativo, con José Vasconcelos (como secretario de Educación Pública, impulsó el movimiento de muralismo) y los murales de la Secretaría de Educación Pública. Es un momento histórico muy reconocido afuera del país”.
Trayectorias… , exhibición curada por la italiana Anna Dusi, pretende celebrar el legado artístico de Modotti por medio de la mirada de seis creadores que con su trabajo interpretan y reflexionan sobre los ideales artísticos y sociales por los que luchó. Ellos son: los mexicanos, Cannon Bernáldez, Cecilia Ramírez Corzo, Eunice Adorno, y los italianos, Alessio Rollo, Alberto Mesirca y Serena Vittorini.
Entrevistada, Dusi dijo que ya tenía en mente estos seis artistas cuando el IIC le invitó a curar la exposición. Según la curadora independiente pensar en Modotti es relacionarla con Rivera, Frida Kahlo y Weston, sin embargo, “Tina es mucho más que esto. Tuvo una vida fuerte e intensa”. Las obras desarrolladas se apoyan en un lenguaje multimedia compuesto por fotografías, testimonios, instalaciones y actos performáticos.
Modotti está enterrada en el Panteón Dolores. El título de la novela de Marcuchetti, Fuego que no muere, es “la última estrofa del poema que Pablo Neruda le escribió a Tina, incluso, lo recitó personalmente en su tumba”, señaló la autora.
La exposición Trayectorias. Itinerarios de investigación inspirados en la obra de Tina Modotti se exhibió del 1 de octubre al 18 de noviembre en el Instituto Italiano de Cultura, Francisco Sosa 77, colonia Coyoacán. Las imágenes formaron parte de la muesstra.