martes, 13 de febrero de 2018

La semana del arte en México II





La decimoquinta edición de la feria Zona Maco de arte contemporáneo, celebrada del 7 al 11 de febrero, rompió su propio récord de asistencia al recibir a más de 62 mil visitantes, por lo menos dos mil más que en 2017. Eso lo convierte en un atractivo muy esperado por parte del público en general, no sólo el especializado en cuestiones artísticas. 
 

Aparte de recorrer los locales de los 170 expositores, representantes de 27 países de América, Europa y Asia, los visitantes pudieron asistir a múltiples conferencias con más de 50 invitados internacionales, conocer la sección de editoriales y publicaciones, además del área reservado para Zona Maco Diseño, ahora en su octavo año, y ser testigo de la entrega de varios premios. 
 

Damián Ortega, de la galería Kurimanzutto, recibió el premio de adquisición Artz Pedregal, destinado a esculturas y/o instalaciones de gran escala, por la obra Torch Lamp. El Premio Tequila 1800 Colección, también de adquisición, fue para las obras Sexo, guerra y Bertolt Brecht, de Minerva Cuevas, exhibida por la Kurimanzutto; Mobil Bleu Translucide, de Julio Le Parc, presentada por la RGR+ART; Breve relación del Pánuco, de la serie Mollera y Cabeza mediana, ambas de Noé Martínez, exhibida por Parque Galería, y Serie de dibujos sobre papel vegetal, de Mathías Goeritz, presentada por Galería La Caja Negra. Mientras que las tres primeras son galerías de CDMX, la cuarta es madrileña.


El premio de adquisición JSA Arquitectura, destinado a artistas emergentes menores de 40 años representados por galerías presentes en la feria, fue para las piezas Isabel, Ámbar y Claudia, de la serie Espacio de fe, de Osvaldo González de Galería Servando, de La Habana, Cuba, y A Labyrinth of a straight line, de Troika, presentada por la Galería OMR de CDMX.


La oferta de obra artística fue grande, variada y de alto nivel. Llamó la atención de más de uno que hubiera tanta pintura y escultura de Fernando Botero, como si México y sus coleccionistas fueran un buen mercado para la producción del colombiano. Tal vez lo sean.


Dio mucho gusto ver obra de la escultora Helen Escobedo (1934-2010). La pieza más llamativa fue El bici vocho (2001), un prototipo de transporte público, con sus máscaras de oxígeno, botequín de primeros auxilios, tanque de oxígeno portátil, bandera mexicana, bicicleta y periscopio. Incluye el letrero: El “chofe” ¡no tiene la llave!


Exhibida en el local de PROYECTOSMONCLOVA, Sandra Cerisola, que ahora trabaja con la galería, recordó que ella maneja el estate de doña Helen. Expresó su interés para que la artista, cuya obra quedó un poco fuera de la vista del público tras su fallecimiento –la Galería Metropolitana montó una exposición a finales de 2016-- , “ocupe el lugar que le corresponda en la historia del arte”. También se exhibieron un par de dibujos del mismo proyecto. 
 

Mayra Nakatani, de la Galería Alfredo Ginocchio, habló con gran entusiasmo de la obra del escultor costarricense Jorge Jiménez Deredia (Ciudad de Heredia, 1954), radicado en Italia, el mismo que a finales de 2015 expuso obra monumental en un corredor que iba desde el Palacio de Bellas Artes hasta el Monumento de la Revolución. 
 

La galería se llenó de bronces y mármoles de la autoría de Jiménez Deredia, que suelen mostrar figuras humanas enrolladas que emergen de, o abrazan, formas redondas. Cuatro toneladas y media, para ser exacto, de obra. Nakatani apuntó que el escultor trabaja en Pietra Santa con el mismo fundidor que Fernando Botero y Anthony Gromley. 
 
Las esculturas del español Manolo Valdés (Valencia, 1942),exhibidas en la Galería Freites, trajeron reminiscencias de la exposición que alguna vez tuvo en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo. El día inaugural la Galería Karma, de Nueva York, regaló esquites preparados por un experto local. 
 

Entre las piezas más bellas estaban las Flower bed, o camas de flores, del chino Zhuang Hong Yi (1962), exhibidas por la galería Smith Davidson. Las realiza con papel arroz y tinta sobre lienzo, y tienen la habilidad de aparentar cambiar de color.










martes, 6 de febrero de 2018

La semana del arte en México





La feria de arte Zona Maco, que en 2018 llega a su edición 15, ha generado lo que se ha dado en llamar “la semana del arte en México”. Aparte de la feria en sí, que se efectúa del 7 al 11 de febrero en el Centro CitiBanamex, se habla de la apertura de más de medio centenar de exposiciones y demás actividades en museos y galerías en diferentes partes de la ciudad.

¿A qué se atribuye tanto interés? En lo que a las galerías y los museos respecta, saben que es un momento en el que visitarán la urbe coleccionistas foráneos, directores de museos y artistas de talla internacional. Muchas de las galerías seleccionadas para participar en Zona Maco, también abren muestras en sus sedes.

Incluso, se han creado espacios alternativos para las galerías y los artistas como Salón ACME, cuya sexta edición se efectúa del 8 al 11 en Proyecto Público Prim, General Prim 30, colonia Juárez. En la convocatoria se lee que Salón ACME es “un proyecto de colaboración y una importante plataforma de difusión para artistas que desarrollan su trabajo en México”. En ese sentido la comunidad artística del país se invita a participar con propuestas de cualquier temática o disciplina. El costo máximo por obra es de 20 mil pesos y cada artista puede participar con un tope de tres obras.

También está la Feria de Arte Material, de perfil más experimental, que lleva acabo su quinta edición del 8 al 11 en el Frontón México. Por vez primera se efectúa en México la feria Arte 10, originada en Bogotá, Colombia, que consiste en obras de todas las disciplinas cuyo costo no es mayor de 10 mil pesos. Su sede es el Foto Museo Cuatro Caminos.

Aunque las inauguraciones empezaron hace unos días, gran parte se concentran en en el día 6. El artista Gabriel de la Mora (CDMX, 1968), aparte de abrir la muestra Entropías en PROYECTOSMONCLOVA (Colima 55, colonia Roma), en el mismo lugar, pero el pasado 27 de enero, se presentó el bilingüe (español/inglés) Fuera de cuadro, con textos de Fabiola Iza y Cecilia Fajardo-Hill, un libro atípico ya que es digital, entonces no existe físicamente, aunque en un principio iba a ser impreso. También es atípico en el sentido de que gira entorno al proceso y no la obra final. De la Mora comentó a La Jornada que de funcionar este experimento, “será el inicio de un proyecto para el que invitaré a curadores jóvenes, o reconocidos, o amigos” para que participen.

Respecto de Entropías, dijo que ésta es una palabra que conecta las 26 obras pertenecientes a cinco series presentadas, que “dialogan y van unas de la mano con otras”. Entropía significa cambio y transformación, y es “una palabra que define mucho mi trabajo. Viene de un paralelo de la definición de energía ya que para mí el arte ni se crea ni se destruye, sólo se transforma que es la primera ley de termodinámica. Entropía va conectada con la segunda ley de termodinámica en la que se dice que en la naturaleza y el mundo, todo, están en un constante desorden. Me interesa ordenarlo, luego desordenarlo. Es el orden y el caos que existen en las cosas, la flecha del tiempo que va en una dirección, aunque recientemente hay una teoría que dice que puede ir en una dirección contraria”.

El Museo Universitario del Chopo (Dr. Enrique González Martínez 10, colonia Santa María la Ribera) abre cuatro exposiciones. Ascensión cautiva, de Tania Candiani (CDMX, 1974), parte de una serie de datos y anécdotas que se conectan con la historia de la aeronáutica en México y la del edificio que alberga el museo. Se integra por tres etapas: la primera se refiere al proceso de confección de un globo aerostático de grandes dimensiones, pieza principal de la muestra; la segunda consistió en un evento único de apertura, donde el público observó la ascensión del globo dentro de la galería central del recinto, y en la tercera el globo será exhibido en suspensión hasta el 13 de mayo.

En Líneas y piedras Pablo López Luz (CDMX, 1979) presenta 135 fotografías de seis proyectos diferentes realizados a partir de 2011 a la fecha. Atlas, de Pablo Vargas Lugo (CDMX, 1968), es una pieza de video hecha con base en la secuencia Star Gate que constituye el clímax de 2001: Odisea en el espacio (1968), del cineasta estadunidense Stanley Kubrick. Colección de momentos. Diseño en México, 1999-2015, es una colectiva curada por Cecilia León de la Barra, que reúne más de un centenar de objetos de 40 diseñadores, entre artistas individuales y grupos.

La galería OMR (Córdoba 100, colonia Roma) inicia el año con la exhibición Mecánica de lo inestable, de José Dávila, integrada por esculturas que son “un reflejo del fenómeno de la gravedad, las leyes de la energía estática y dinámica, la fuerza tractiva empleada para generar movimiento y la fuerza compresiva”, entre otras cosas.

Además de participar en Zona Maco, la Galería Hilario Galguera también está presente en Salón ACME con obra de la francesa Gwladys Alonzo (1990). El espacio es intervenido por obras escultóricas que retoman dos elementos cardinales de la práctica de Alonzo: los azulejos y el color azul marino. Éstos fueron incorporados por primera vez a su trabajo durante su periodo de producción en Guadalajara, sin embargo la han seguido a CDMX. El gesto poético de re-visitar su pasado enfatiza su interés en viajar y en la apropiación de los paisajes urbanos y los materiales encontrados en sus piezas, de dice.

El brasileño Mauro Piva (Río de Janeiro, 1977) exhibe en la galería Enrique Guerrero (General Juan Cano 103), mientras que la Galería de Arte Mexicano (Gobernador Rafael Rebollar 43) ha organizado una colectiva con obra de James Capper, Luke Hart, Pablo de Laborde Lascaris, Adeline de Monseignat, entre otros. Ambas galerías están en la colonia San Miguel Chapultepec.

domingo, 21 de enero de 2018

Los dibujos alucinantes de Ben Sack



Al igual que “todo el mundo” Ben Sack (Laguna Niguel, California, 1989) empezó a

dibujar “muyjoven”, sin embargo contrario a otros nunca paró. Siempre disfrutó de la

exactitud y la momentaneidad de la pluma en contraste con la pintura que puede ser

muy indulgente”: “aplicar capas y construir”. Aunque ama también la pintura, se 

enganchó a la inmediatez de la tinta.


Ad infinitum, título bajo el que Sack exhibe en la Galería Ethra, resume los alcances

dibujísticos de sus elaboradas obras que, en efecto, parecen no tener fin. Ante los ojos

del espectador desenvuelven continentes, ciudades, monumentos y edificios

emblemáticos. Respecto de sus gustos arquitectónicos, expresa: “Crecí en un área en las

afueras de Washington D.C., donde había mucha construcción. El sólo hecho de ver la

edificación de tantas casas, visitarlas, mirar los anteproyectos, copiarlos, hacer los

míos propios, tuvo su propia evolución. Dibujaba primero casas, un par de edificios, más

edificios, luego, las ciudades parecían la cosa más natural de abordar”.







Continúa: “En cuanto a las ciudades y edificios es algo con que siempre he disfrutado

trabajar y estudiar. La arquitectura se vincula con la historia y ésta con la civilización.

Así que las ciudades siempre han representado para mi una puerta hacia muchos otros

campos de estudio. Tengo una formación musical --estudió trompeta-- , entonces las

ciudades tienen su propio ritmo y tempo. Hay unuente entre la música y la estructura

urbana. Muchas ciudades evolucionan de acuerdo a geometrías elementales: espirales y

círculos, formas que se pueden escalar a niveles más altos de la actividad humana. Tal

vez empiezas con un edificio y acabas con un universo de una estructura mayor”.


Uno no se imagina a Sack haciendo un bosquejo previo de sus dibujos: “De haber algún

tipo de esbozo se realiza a lápiz, sólo unas cuantas guías, nada demasiado elaborado. En

algunos de los dibujos dejo un poco de lápiz”.








--¿Cómo procede?

--Muchas de las ciudades son imaginarias, salen de mi mente. Tratan diferentes ideas

que me intrigan. Muchas están inspiradas en ciudades reales, que es algo con que el

espectador puede relacionarse. Quizá éste se enfrenta a algo abrumador, sin embargo

luego empiezan a fijarse en detalles y reconocen formas que hacen eco a edificios que

les son familiares. Por ejemplo, amo la arquitectura renacentista, Brunelleschi, Paladio y

también las obras de Piranesi…


...trató muchos temas arquitectónicos.


--Él y Canaleto en Venecia fueron inspirados por el gran tour. En Europa durante el

siglo XVIII más personas empezaron a viajar con el objeto de conocer la historia y las

civilizaciones pasadas. Piranesi se involucró con el espíritu de la época. Al igual que un

músico de jazz fue capaz de improvisar sobre una idea. En lo personal siempre me ha

gustado el tipo de libertad que se permitió que a veces es difícil: romper algunas reglas y

crear un híbrido. 




 



Amante de la historia de la música y la evolución de los compositores clásicos, Sack

señala que la música temprana reflejaba la arquitectura de su momento. Si parecen haber

paredes entre todas las diferentes áreas de estudio, para el entrevistado la arquitectura

viene a ser una buena manera de derrumbar esos muros y sincronizar muchas diferentes

maneras.



En sus dibujos aparecen muchos mapas. “Lo bueno de los mapas es que abstraen al

mundo. Cada cultura ha creado su propio tipo de mapa, sin embargo lo que todos

comparten es que le proporcionan al espectador su posición en el mundo. Pueden ver

dónde han estado, a dónde se dirigen, en dónde están ahora y eso es poderoso”.



De M.C. Escher opina: “Hay muchos caminos que se conducen a muchos lugares. En

estos mapas uno de los elementos básicos que se maneja es la perspectiva y Escher era

un maestro en su manipulación. Con la perspectiva uno puede tomar diferentes caminos. 

Escher es alguien con quien me encontré en mi propio desarrollo y evolución. En la 

exposición hay una obra hecha en su honor”.


La Galería Ethra se ubica en Londres 54, colonia Juárez. La exposición permanecerá

hasta el 24 de enero de 2018.


domingo, 14 de enero de 2018

Arnaldo Coen, nuevo mural





El artista plástico Arnaldo Coen (CDMX, 1940) terminó de pintar el año pasado el mural Reflejo de lo invisible, de 4.80 x 18 metros, que se exhibió un par de semanas en el Museo José Luis Cuevas, dentro de la celebración por sus 25 años, antes de su traslado a un recinto privado fuera de la ciudad. Está pintado con una combinación de acrílico y posteriormente óleo, sobre una tela que se enrolla y está montada sobre un bastidor también desarmable.



Aunque tal vez no se le asocia mucho con la obra mural, Coen fue uno de los 11 artistas (Manuel Felguérez, Lilia Carrillo, Vlady, entre otros) que en 1969 el museógrafo Fernando Gamboa invitó a pintar cada quien uno para la Feria de Osaka, en Japón, realizada en 1970. Años después pintó una bóveda a la manera de Tiépolo. Recuerda en entrevista que la serie de pinturas que hizo a partir de Pablo Uccello era de escala mural. 






 

Siempre le ha interesado la obra de gran formato entre otras razones porque “la pintura de alguna manera es una puesta en escena que también tiene relación con el arte contemporáneo. Es decir, uno hace una instalación en un espacio real, sin embargo también puede manejar un espacio virtual”.



En Reflejo de lo invisible Coen recrea un paisaje, con todo y mar, por medio del estudio de lo geométrico y la perspectiva, sin hacer formas arquitectónicas aunque en ciertos momentos recurre a escaleras, por ejemplo. Las formas, explica, “de alguna manera están transparentes en un espacio que buscar estar en diferentes dimensiones. Es decir, que una figura en un primer plano, de repente se relaciona con otra en un plano mucho más lejano. No obstante, que esta trampa del ojo lograda mediante la geometría permita estos viajes por diferentes dimensiones. Recurrí lo menos posible a la figuración, simplemente alguno que otro personaje como una referencia de escala”. Dos figuras son un homenaje a Giorgio de Chirico.







Coen pintó la obra en Chimalhuacán, en el taller de un pintor de escenografías que le ayudó a hacer los trazos y la mancha original. Quiso aprovechar la experiencia de un mural en esa escala para manejar “el concepto de uno a uno”. Es decir, “como si el mural fuera la continuación de ese espacio hacia un mundo fantástico o virtual, no necesariamente dentro de una realidad concertada o tangible. Qué el espectador pudiera ver los personajes a la distancia como si fueran reales”.


Acota: “Siempre he pensado que el gran cuadro que pintó Velázquez, Las meninas, que originalmente estaba dentro de un cuarto, era la continuación de este espacio. En Reflejo de lo invisible en realidad abro una ventana a un espacio ficticio y fantástico que tiene visos de realidad”.



Sobre el título si casi siempre lo pone aleatoriamente y por lo general surge después, en está ocasión estaba presente desde el principio. Reflejo de lo invisible “surgió de algo que leí en alguna ocasión que dice: ‘Todo en el mundo está dividido en dos partes, de las que uno es visible y la otra invisible. Aquello visible no es sino reflejo de lo invisible’. Es un pensamiento que viene de la cábala judía. Encontré esa frase hace unos años y siempre la he tenido muy grabada porque al preguntarme qué es el arte, siempre digo que es aquello que es invisible. De alguna man el arte no es algo tangible, entonces es difícil definirlo porque al hacerlo uno lo limita. Para mi el arte está en lo que ve cada espectador, no en lo que le dicen que tiene que ver. Uno tiene que aprender a ver desde el punto de vista creativo qué le dice la obra”.


miércoles, 27 de diciembre de 2017

La arquitectura en la fotografía de Cristina Kahlo



La arquitectura fue el hilo conductor de una reciente exposición de la fotógrafa Cristina Kahlo (CDMX, 1960) sin que se considere especializada en el tema. En Cristina Kahlo. Lo concreto. Fotografía arquitectónica y abstracta, de 89 obras, la mayoría fotografías, pero también instalación y libros, la arquitectura era sólo un pretexto para generar un diálogo con la luz y crear imágenes. Ella se dice “una constructora de imágenes”.


Era la primera ocasión que Kahlo exhibía en la vivienda que habitó –aunque por poco tiempo, señala-- su famosa tía abuela, doña Frida, ahora Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, así como la colindante Casa Juan O’Gorman que integra el conjunto. 
 

El curador Javier Vázquez, después de revisar con Cristina medio millar de imágenes en busca de un eje para la muestra, descubrió que la arquitectura sí tiene predominancia en su obra. Incluso, hay tomas del propio museo hechas hace 11 años, que descubren para el visitante aspectos o rincones que tal vez pasan desapercibidos. La entrevistada admitía no haberse dado cuenta que con recurrencia fotografiaba temas arquitectónicos. 

 
Aseguró que sus temas son “versátiles”, ya que es “permisiva” con su obra: “Me gusta mucho tener esta libertad creativa de poder trabajar diferentes temas. No me estaciono en uno. Diría que mis fotografías se dividen en dos partes, por un lado, lo documental como fue el proyecto Tiempo de danzón en que durante 10 años retraté comunidades danzoneras en distintos estados del país”. La otra es más personal y creativa en el sentido de que “me doy más permiso de manipular el material y conformar un proyecto para un espacio en particular”.


A Kahlo le atraía exhibir en el MCEDRFK, “sobre todo por el tema de la arquitectura, porque ésta tiene un carácter sinestésico. Para vivir una arquitectura hay que entrar en ella. Aunque en las imágenes prácticamente no se ve la presencia humana, ésta está en quien lo trazó, construyó, en las personas que habitaron estas casas. Para mi es simbólico. Más que por la relación familiar con Frida, estas casas representan uno de los primeros espacios arquitectónicos en los que empecé a fotografiar”. Al recorrer las obras se manifiesta una geometría por medio del círculo, el rectángulo, la curva, el triángulo y el cuadrado.


La entrevistada no suele dedicar sus exposiciones a nadie, sin embargo en este caso, dado el “grado muy emotivo”, no podía no recordar a su padre Antonio Kahlo, “de quien tuve el primer contacto con la fotografía. Era una niña, sin embargo a partir de ese momento dije 'quiero ser fotógrafa'”. La muestra también está dedicada al arquitecto Javier Septien, “un tío de cariño de quien aprendí la geometría. De niña me ponía a armar figuras geométricas”. Igualmente está dedicada al arquitecto Juan O'Gorman, quien Kahlo conoció en vida y a quien “le debemos estas casas para hacer la muestra”.


--¿Qué caracteriza su trabajo?


--Una característica constante es que por lo general en mis exhibiciones no trabajo una sola técnica. En ésta hay plata gelatina, impresiones a partir de la inyección de tinta, hay algunas obras que están intervenidas con color directamente sobre la foto. Me gusta mucho la fotografía tradicional, análoga, sin embargo la digital ofrece otras posibilidades de intervención.


No todas las fotos fueron tomadas en México, muchas fueron hechas durante una estancia en Basilea. Bueno, hasta se exhibía a modo de instalación un fragmento del muro de Berlín. Otras imágenes fueron capturadas en Estados Unidos, Italia, Alemania, Francia e Inglaterra..


martes, 14 de noviembre de 2017

Ricardo Mazal y el color violeta



El violeta es de México, expresa el artista visual Ricardo Mazal (CDMX, 1950). Además, es el color más espiritual. Probablemente por eso lo usan tanto en la Iglesia como en relación con la realeza, acota el pintor cuya exposición Violeta, en el Centro Cultural Estación Indianilla, marcó un cambio de dirección en su obra. Si muestras previas como La tumba de la reina roja (en Palenque), Kailash (monte de los Himalayas) y Bután-abstracto (país asiático), se basaban en un lugar concreto, ahora giró en torno a un sentimiento: la emoción de un color. 
 

Todo partió de la serie de cuatro cuadros Noche transfigurada, mostrada en la feria de arte ZonaMaco 2016, de fondo azul-grisáceo oscuro, con una sugerencia de ramas iluminadas, al que Mazal introdujo líneas muy delgadas de color. Sin embargo, en una de ellas “el azul vibraba demasiado con el amarillo entonces dije, voy a poner un violeta”. Era la primera vez que empleaba ese color “quizá el más difícil de dominar”, por ser “en principio muy femenino”.


Salió un violeta “muy neutral. No se iba demasiado ni al rojo ni al azul”. A partir de esa experiencia a Mazal le entró “una curiosidad y una obsesión” por explorar la espiritualidad del violeta como color. De allí que se propuso investigar todas las tonalidades del púrpura. Inicialmente, pintó la serie para una exposición en la galería Sunadaram Tagore, en Nueva York, luego itineró a su local en Singapur. En el proceso descubrió, a raíz de hacer unas pruebas de sangre que le pidieron, que “la mía era del color que había pintado el día anterior”.


 






Para la realización de los óleos (12 de formato grande en el área principal del recinto, mientras que en la planta baja había 15 cuadros de mediano y pequeño formato), el entrevistado desarrolló una técnica que consistió en remover la pintura de manera que quedaran “filitos gruesos de óleo que contrastan con la parte más transparente y delgada de la pintura”. 
 

La música siempre ha sido un componente destacado en el trabajo de Mazal, no como una inspiración mientras pinta, sino como un punto de referencia de “dónde estoy emocionalmente”. En el caso, por ejemplo, de Kailash le pidió una composición a Mario Lavista. Para Violeta empleó la Sinfonía No. 4 de Arvo Pärt, dedicada a la ciudad de Los Ángeles, California. Comenta: “Esta sinfonía se volvió parte de la obra. La escuchaba de vez en cuando para trasladarmeme a ese mismo espacio emocional. Si cierro mis ojos y escucho esta música veo el color violeta. Curiosamente la portada del disco de Pärt, que se llama For Los Angeles, es violeta, aunque de eso me di cuenta mucho después”.



Finalmente, el color violeta puede ser tan intenso como se aprecia en los cuadros. De allí que Mazal necesitó de un “respiro” y un “espacio de paz”, entonces hizo algunos cuadros blancos, que son más geométricos, a modo de descanso.


Agrega: “Mi inquietud y pasión como artista consiste en buscar algo, no repetirme a mí mismo, no cansar las ideas ni técnica ni conceptualmente. No pinto con un lienzo en blanco a ver qué me inspira ese momento. Para nada. Todo tiene un análisis, un pensamiento, un concepto profundo en cuanto por qué el violeta, ya que empezó como esta sensación que tuve de lo misterioso y espiritual, y terminó al relacionarse con la sangre. Me importa trabajar con el espacio y el conjunto para que se vuelvan una experiencia. No quiero que el espectador vea el cuadro sino que sienta lo que es la totalidad de la experiencia”.


Toda la obra fue pintada en el estudio de Mazal en Santa Fe, Nuevo México.



jueves, 19 de octubre de 2017

Athina Ioannou,artista griega en México



La artista griega Athina Ioannou (Atenas, 1968) se fue a estudiar a Dusseldorf, Alemania, a raíz de un encuentro fortuito en Roma con su paisano Jannis Kounellis (1936-2017), exponente del movimiento Arte Povera, quien fue profesor de la Academia de Arte de Dusseldorf de 1993 a 2001. 







 


Entrevistada con motivo de su exposición Polifonías en la Galería Hilario Galguera, Ioannou, entonces de 18 años, recuerda que en esa ocasión traía en las manos un libro que contenía una entrevista realizada en Basel con Kounellis, Joseph Beuys, Anselm Kiefer y Enzo Cucchi. Cargada de un bagaje cultural “clásica, tradicional e histórica”, la joven se había ido a Roma a estudiar en la Academia de Arte donde se encontró en “la misma familia”. Es decir, “faltaba lo contemporáneo, la situación actual”.


De hecho, en Roma no había hallado lo que buscaba, entonces, la entrevista fue una revelación. Su primera reacción fue conocer a los artistas entrevistados. De allí que el encuentro con Kounellis le resultó “extraordinario”, además le dijo a la joven que había un ambiente fantástico en Dusseldorf y tal vez debería ver por sí mismo. 








Para Ioannou la ciudad alemana resultó “una ventana hacia Arcadia, un paraíso, porque allí encontré cientos de artistas que buscaban lo mismo que yo”. A pesar de buscar la contemporaneidad, la entrevistada cayó en cuenta que no podía aislarse de su pasado. De allí que se propuso abordar el pasado y el presente en el mismo momento. Considera, además, que las obras del pasado siguen actuales en el presente: “Desconozco por qué, es como un momento mágico”. 
 

Ejemplifica con Gordon Matta-Clark (1943-1978), artista estadunidense “extraordinario tanto en lo visual como en su pensamiento”, y también vinculado con una línea relacionado con el pasado, sin embargo dirigida al presente en aras del futuro, cosa que “me fascina e inspira completamente”.





Esta era la tercera vez que Ioannou se encontraba en México. Así que le es familiar, no hay sorpresas y eso le importa en la medida que llegó “sólo con sus pensamientos”, lista para producir “una obra en un contexto” para la exposición. Así acostumbra trabajar. Se trata de un proceso creativo menos propenso a controlarse a priori, aunque sus ideas allí están. Es una libertad que florece. Claro, como ella pone las semillas sabe qué crecerá. Sin embargo, “nunca se sabe cómo saldrán las flores, plantas o árboles”. En ese sentido entrar en contacto con la poesía le importa mucho. 
 

Muchos de los materiales empleados para producir Polifonías fueron telas tradicionales adquiridas en mercados como La Ciudadela. Posteriormente fueron sumergidas en aceite de linaza, luego, secadas y cortadas en pequeños pedazos, muchos en forma de triángulo.


--¿Qué la llevó a la forma triangular?


--La geometría como una manera de entrar en contacto con el universo. Tocar algo que tiene que ver con la geometría penetra y extiende el pensamiento en torno a la pintura. El triángulo tiene muchos significados. No lo empleo de manera simbólica, sino como tal. Una forma es una forma, y por medio de ella deseo entrar al universo.








Aunque sus triángulos se repiten, Ioannou está en contra de la repetición múltiple de la producción industrial. En cambio, propone “la unicidad” porque ninguna de sus figuras es igual ya que se hacen a mano. Además, como trabajó con un equipo de 20 personas cada quien imprimió su propia personalidad en las piezas que le tocaron realizar. 





 

Por otro lado, la entrevistada asegura que cada pieza, o triángulo, tiene “muchos gestos” desde el de la mujer que produjo la tela. Utiliza todo tipo de telas, algunas “muy pobres” como el yute, que al sujetarse a un proceso se convierten en “otra cosa”. “Me gusta darles algo a las telas porque por medio del proceso de sumergirlas en el aceite de linaza, secar y cortar, cambian en lo visual para convertirse en otro tipo de textil, incluso, transparentes debido a la inmersión en el aceite de linaza, que se relaciona con la pintura”, apunta.